domingo, 1 de noviembre de 2015

Lo que la política se llevó.

Estimados lectores, recupero la costumbre de liberar mis congojas en este remanso de placidez y sinceridad, lo necesito y así lo reconozco. Vuelve a ser la música el motivo de mi preocupación. Una vez más las melodías de antaño se agolpan en mi cabeza en forma de recuerdos y consiguen que eche tantísimo de menos lo vivido hasta el punto de llegarme a doler el pensar en lo que nos espera a los bagañetes a partir de ese negro futuro tan cercano. No seré presuntuoso pensando que Tazacorte se quedará sin esos compases que han acompañado su historia desde que nació como pueblo, donde hay unos vienen otros. Lo que si me entristece es que se haya perdido la oportunidad de hacer las cosas como el músico lleva queriendo desde tiempos inmemoriales: bien hechas. Me he propuesto contaros mi versión acerca de la historia del último fracaso musical en nuestro pueblo. Espero no aburriros en demasía pero no es fácil resumir una vida musical en pocas páginas. Empezaremos con los prolegómenos de la historia que permitan entender el presente a través de una somera revisión del pasado: del mío eso sí.

Mi infancia y mi juventud musical.

            Llevo estudiando música desde los 10 u 11 años, comencé tarde, lo sé. En un recreo de mi recién estrenada segunda etapa de EGB, mi "primo” David, “Deivid” (nuestras madres son primas hermanas) me empujó a comenzar un periplo por compases, notas, desafinaciones y silencios que aún hoy continua siendo elemento esencial e imprescindible en mi vida. Fue él quien me aconsejó tocar el bombardino y por ende tomarme más en serio eso de las clases de solfeo para poder llegar a tocar un instrumento y entrar en la banda municipal. Nos veíamos en los recreos, yo estaba en 6º curso y el terminaba la EGB. Siempre ha sido un ejemplo para mi, un faro, un guía; aún hoy lo es pues le consulto bastantes decisiones que me plantean dudas. “Nemrod, el bombardino es un instrumento precioso, tiene mucha cantoría, no lo dudes, verás que te encanta”. Él había recogido el testigo de un gran instrumentista como es Juan Antonio y yo buscaba un argumento para tomarme más en serio eso de la música. Tuve la suerte de integrarme en una generación preocupada por formarse, una horda musical consistente y a la misma vez un ejército de soldados culturales bien pertrechados con los libros de la biblioteca de Doña Arecida bajo el brazo, el progreso musical en el otro o también como no, con el balón de fútbol bajo el pie. Había tiempo para todo pero primaban los compromisos aceptados frente a los llamativos ratos de diversión. Ensayo los martes y los viernes y clases casi todos los días. Una academia consistente, mantenida por Néstor y Toño. Tarde tras tarde sentados en la misma silla de madera con el atril delante, evaluando las lecciones de una ingente cantidad de músicos, con la ilusión de mantener viva una tradición centenaria: la música bagañeta o su licor de café, tanto monta monta tanto Isabel como Fernando.
Mientras, Tomás, gritaba bajo el “nisperero” al escuchar los fallos de Juan Manuel, de Rosendo, de Álex, y les aconsejaba con la misma impaciencia que tiene quien no ha nacido para enseñar aunque sí para aprender y deleitar. Allí comenzaron mis tardes de juegos, cuando los mayores nos dejaban un pequeño hueco a los que recién empezábamos a entender que en este mundo todo es paulatino, todo es gradual. Pasar horas intentando que una pequeña pelota hecha con una cajetilla de cigarros bien apretujada, no tocara el suelo, permitiendo sólo un toque por parte de cada jugador; no parecía tener nada que ver con la música y sin embargo nos entrenaba para vivir la música, para conjuntarnos, acoplarnos y sentirnos un todo. Malabarismos y concentración, tiempo y destrezas que instruían a los aspirantes a músicos siempre bien aleccionados por los que ya demostraban ser dignos sucesores de sus maestros.

            Juan ya era primer trompeta y por delante suyo los hubieron tan buenos que ese mismo hecho lo convertía en un líder para el resto. David asombraba a propios y extraños con su virtuosismo –entre ustedes y yo, nunca he visto un músico mejor-. Alberto estaba estudiando en Madrid, haciéndonos sentir orgullosos porque en nuestro foro interno él era el adalid de nuestra propia causa –llegar lejos a través de la música-. Facito recogía el testigo de Toño y ocupaba el primer atril de los saxos, Virginia asomaba la cabeza por encima de una cuerda de clarinetes y de su mentor D. Pablo, considerando principal su empeño en el estudio y su valía como instrumentista. Toño seguía siendo el trombón principal, Basilio la trompa de armonía (le gustaba resaltar eso a mi abuelo, pues había otra d acompañamiento) primera, Felipe con el fliscorno, Dami en el saxo tenor y Molo con el barítono. No cabíamos en el cuarto de ensayo recién estrenado, después de estar años apretujados en los bajos del Ayuntamiento, imaginaos cuánta gente se reunía al menos dos veces por semana en aquel lugar. Preparábamos obras complicadas: Pan y Toros, El Teseo, El Bateo, La Cueva Bonita, Puenteareas, etc. ¡Aquello era una banda!, ¿o no Néstor?. Tu me enseñaste solfeo, haciéndome repetir muchas veces tantas lecciones y dar dos pasadas al progreso musical volumen 1. Y yo, Néstor, aprendí muchas más cosas, cosas que tú hoy ya no puedes imaginar, ni yo cuando me sentaba en la silla a tu lado un par de tardes por semana –que Dios te tenga en su gloria porque méritos hiciste de sobra para merecerla-. En los ratos con Jonás, David, Juan, Deivid, Jhonatan, Álex… haciendo que la pelota improvisada no tocara el suelo, conocí ese sentimiento de apego al grupo que tanto persiguen los adolescentes. Un equipo y luego otro, compenetrándonos al pensar en compases y armonías, en negras y semicorcheas en silencios y compases de espera, sin dejar que la pelotita cayera al suelo. La vida es música y la nuestra en su infancia sonó muy bien.

            Hubo mucho más. Hubo clases con el argentino, D. José León, clases de solfeo con Tomás, con Doña Lola y con Doña Rosa, en el preparatorio para aprobar el curso de 1º de solfeo, luego 2º y hasta 3º en el Conservatorio Superior de Música de Tenerife en lo que era el germen de la nefasta escuela de música insular que hoy en día asola nuestra música municipal, la música de bandas de siempre. Y con trabajo hubo rédito: un par de cursos de solfeo, un par de cursos de trombón y bombardino pero significó mucho más. Juan, David, Álex, Dami, Johnatan y otros tantos terminaron sus estudios de solfeo y sacaron otros tantos cursos de instrumento y encaminaron sus vidas. La música era importante para ellos y para mi, aunque eso sí, en diferente manera. Sin embargo, y gracias a esos otros, a los míos, a mi familia, a mis padres, mis estudios siempre estuvieron un escalón por encima de la música. Yo nunca fui un talento musical, ni lo he sido en nada luego pero sí me considero un tipo esforzado; y tuve claro que si en algo podía capacitarme era estudiando. Con esfuerzo y menos aptitud que otros pude aprender a tocar un instrumento y sobre todo a apreciar la música por encima de otras tantas actividades. Me fui a estudiar a la Laguna y no dejé la música, no podía, no podía dejar los Santa Cecilia aunque me ocasionaron el primer suspenso en el último curso de preparación para la universidad (COU), no podía dejar de disfrutar esos viajes en guaguas a tocar el concierto de Navidad a Santa Cruz de la Palma o a tocar alguna procesión, eran momentos que nunca olvidaré porque me formaron como la persona que hoy soy. No podré olvidar lo ratos escuchando cómo hablaban Pilar (que Dios la tiene en su gloria porque era un ángel sin alas cuando vivía entre nosotros) Juan Manuel, Mónica, David, Deivid… Éramos como un pequeño acuartelamiento lleno de reclutas que salíamos de maniobras de vez en cuando, aprendiendo a vivir nuestra pasión entre otros músicos o quizás entre unos pocos preocupados oyentes; dejábamos nuestro cuartel, nuestro fortín, para consentir que nos abrazaran las melodías, esas que tanto nos gustaba interpretar y que llegábamos a aprender casi de memoria. Y claro, huelga decir que habían rangos: entre los reclutas los había de 1º año, de 2º año, veteranos y aprendices. Otro aprendizaje vital y esencial: en esta vida no estamos solos y el respeto a los mayores salva situaciones comprometidas.

No todos llegamos. Jonás quedó en el camino, entre las notas y los silencios del solfeo que a nadie jamás le podrá parecer nunca bonito pero que, como tantas otras cosas feas, resulta imprescindible. También Toni, Alberto, Fernando, Natalia, Rebeca, Enrique se perdieron en ese sendero de notas que suenan apretando pistones, cilindros o llaves.  He hablado de la MILI musical y algunos pensaréis que es una exageración de las mías pero no es así. La Banda de música es el último grado en la escala de mandos y rangos no profesionales de la vida musical en un pueblo. Ser músico de la banda es lo máximo que se puede lograr, musicalmente hablando y sin considerarse profesión, en un pueblo. Empiezas por solfear, continúas practicando con tu instrumento y terminas siendo parte de la banda municipal. Pero el proceso no es vital. Los hay que no llegan a la Banda y los hay también que la abandonan. Terminan la formación y deciden encaminar sus pasos lejos de esas melodías que los acompañaron tantos ratos de su tiempo de ocio y enseñanza extraescolar.  Hay que entender este hecho porque es connatural con la naturaleza de una Banda municipal de música. De la misma manera que vienen muchos se van y no vuelven. Por tanto la Banda de música es un ser vivo en constante evolución: un continuo ciclo vital cuya renovación es periódica y permanente.

¿Por qué un Patronato?

La idea de un patronato es muy vieja, no es un nuevo invento de la democracia o de la política de hoy; es un intento desesperado y necesario de apartar el trigo de la paja. Unos cuantos músicos y vecinos preocupados pensaron que era necesario crear un órgano gestor de la propia Banda y su academia. ¿Por qué? Porque los que no saben de música no entienden lo que pasa alrededor del músico. No saben que cuesta mucho enseñar a alguien a apreciar los silencios por encima del ruido o de la propia melodía. No saben que después de educarlos hay que cuidarlos porque viven de su pasión, de su afición; sin contraprestaciones, sin remuneración económica y sin más agradecimientos que las palabras abandonadas al viento del interés. No saben que ese recogimiento que se necesita para estudiar cualquier cosa es siempre condición inexcusable del músico en su formación y en su ambiente de instrucción. No saben que la política nunca mezcla bien con la música: son agua y aceite y lo han sido siempre. No saben que el interés de la Banda, el fin último, no es formar músicos sino personas; por tanto el trámite, la instrucción, la academia de música en sí es siempre un animal en peligro de extinción. No saben que en la Banda de Música municipal (no significa esto que sea del Ayuntamiento sino que es del municipio y no de los que pasan temporalmente por el mandato gubernativo sino de todos los convecinos) se forman en torno a un 80% de las “personas culturales” del municipio (las que progresan en sus estudios y consiguen salir adelante en base a su formación –universitaria, profesional, musical, etc-). No saben que ese ambiente de “rarezas” es único y necesita unos cuidados que no les pueden,  ni saben, ni quieren procurar aquellos que aún hoy se resisten a entender que el progreso de nuestro Tazacorte de mañana pasa por esos alumnos que se forman integralmente como personas en nuestro cuarto de ensayo, en lo que representa nuestro hoy por hoy musical.
            El patronato nació para decirle al pueblo y sobre todo a los gobernantes de turno que sin muelle de Tazacorte, sin tantos hoteles, sin la construcción descontrolada y con un atendimiento preocupado en relación a la academia, a los músicos y sus familias, con un trato adecuado del ambiente y singularidades asociadas a la música municipal, el pueblo seguirá teniendo vecinos formados, preocupados y conscientes del valor de las notas y los acordes; preocupados por su pueblo y su evolución cultural. No se trata de hacer de más sino de no permitir que parezcan menos como ha venido ocurriendo hasta hoy.

Reunión del pasado martes 27 de Octubre de 2015 y sus precedentes.

            Analicemos primero los preliminares. En el pasado mandato gubernativo en nuestro Ayuntamiento se cometieron errores graves que redundaron en que lo que había venido ocurriendo durante muchísimos años a pequeña escala se convirtiera en delito. Hace unos 6 o 7 años (no soy exacto porque no hace falta serlo pues lo que pretendo es ubicar aproximadamente en el tiempo cada mandato en nuestra corporación y su incidencia en esos problemas que viene arrastrando la música en nuestro municipio) se formó un primer patronato, compuesto por 3 personas preocupadas y elegido democráticamente en reunión convocada al efecto. ¿Por qué? Por lo mismo que se creó ese otro patronato tantos años antes y que fue germen del movimiento asociativo, el mismo que en la actualidad agoniza: el abandono de todo lo que tiene que ver con la música por parte de los gestores municipales. En aquel entonces Víctor Acosta Martín, Quiryat Benet Acosta Sánchez y Nemrod Fedesbrindo Acosta Sánchez como presidente, vicepresidente y vocal respectivamente. Padres, madres, alumnos y personas preocupadas se dieron cita para elegir un órgano que los representase y a la vez mediara con la corporación vigente en ese momento. Eran tiempos difíciles, comienzo de la crisis y el gobierno correspondía a UB. La situación en ese entonces pasaba por no ser la ideal, ni siquiera la adecuada y tocaba ponerse al frente de las reivindicaciones de profesores, músicos y alumnos. Los primeros tuvieron que dejar de trabajar durante varias y repetidas etapas bajo el pábulo de lo que ahora parece ser una explicación poco convincente: no se podían prorrogar más los contratos temporales para no hacer fijos en plantilla a al menos uno de los trabajadores musicales. Así se concatenaron durante años y años contratos por finalización de obra que mantenían viva artificialmente la actividad musical formativa. Las clases, por esto de la duración definida de esos citados contratos, tenían caducidad y se interrumpían en fechas indebidas. Podía pasar que la actividad se frenara antes de que terminara el curso escolar o comenzara mucho después. ¿A quién perjudicaba esta manera indebida de hacer las cosas? A la música, a los alumnos, a la Banda de música, al pueblo aunque éste no fuera consciente. Director, profesores, alumnos y músicos se veían en la necesidad de olvidar por un tiempo sus quehaceres, su labor y su afición para volver sintiendo que todo seguía igual, que era cuestión de tiempo que volviera a pasar; eso costaba cada día más. Y la música era siempre la que perdía porque al volver todo era distinto, la reanudación era paulatina y los músicos volvían a creer poco a poco, a cuentagotas: un poco más remisos a confiar.
            Aún así y con todo esto, se seguía funcionando. Después de un par de relevos en la dirección en incluso en algunos miembros del profesorado, el patronato apostó por gente del pueblo para continuar la labor, pese al tumulto que se organizó al respecto y después de que la corporación municipal pusiera a quien ellos creyeron. ¡Cuánto daño hacen en determinadas ocasiones las palabras y las actitudes!. Mi familia siempre ha estado en mi casa, en el cuarto de ensayo he tenido y tengo compañeros, algún amigo y casi ningún familiar.

Se dijo basta y llegó ese ansiado momento en que el músico es quien se legitima para elegir a aquellos que los dirigen, que los enseñan e instruyen. Es el músico quien tiene que equivocarse o acertar en esa elección porque es quien sabe qué necesita, qué quiere y qué no. No vale seguir pensando en ese principio del despotismo: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.  No vale eso de “algo para el músico pero sin el músico”. La apuesta no salió bien porque con la nueva corporación de PSOE-CC llegaron nuevas maneras de entender ese trabajo musical en la forma de nuevas modalidades de contratación y sobre todo porque por parte de los propios representados, uno de los profesores y director, se saltó la cadena de mando. A los políticos lo que les interesa de la academia y de la banda son las actuaciones: nada más. No crean que les importa si se forman músicos o gatos, personas o animales: todo se reduce a si la banda puede tocar en los caballos fufos, en la procesión del Carmen, en la procesión de S. Miguel, el concierto del día de Canarias… No hay más interés y no piensen ni un segundo que pueda haberlo habido o que lo vaya a haber mientras quienes dirijan los destinos de la música en el pueblo sean políticos sin inquietudes o formación musical y aunque la tuviesen siempre pesaría más el sueldo y/o la política que la música. Y el enemigo hizo explotar el búnker en que habíamos querido convertir el patronato. De la directiva del patronato se fue al concejal de cultura y el monstruo comenzó a crecer desproporcionadamente. No hablo de oídas pues llevo 24 años en la banda, de los que habría que descontar 5 años en que por razones personales decidí apartarme; sé lo que ha pasado y ahora sé también lo que ocurre, además de lo que por desgracia y casi seguramente ocurrirá en poco tiempo.

            Sigamos pues. Se pensó que subcontratando como autónomos a los trabajadores musicales se resolvía el problema de contratos que la ley de estabilidad presupuestaria planteaba y desde el patronato se dijo que sólo se podía pensar en que esa medida fuera un remedio temporal. Cuando se decidió convertirlo en una solución indefinida también se advirtió que era un craso error, sin saber de denuncias o inspecciones. El sentido común desgraciadamente suele ser el menos común de los sentidos. Luego ya ocurrieron esos fatídicos hechos y se gritó         hasta le extenuación que unos habían mantenido lo que otros habían hecho desaparecer; guerra de guerrillas pueblerina y callejera. Os puedo asegurar que en esta ocasión es verdad eso de que entre todos la mataron y ella sólo se murió. Nuestra música no ha muerto sin embargo, porque a pesar de haberla intentado asesinar en repetidas ocasiones  su corazón sigue latiendo en el alma de unos pocos. No nos engañemos, está en coma, llena de tubos y parches que la mantienen respirando artificialmente sólo para sacarla a pasear en fechas señaladas, pero sí, sigue viva al fin y al cabo. Y por favor, no se crean esa mentira de que a los que gobiernan les importa la música; ni les importó antes ni les importa ahora. A ellos les preocupa tener banda de música para hinchar el pecho a la hora del besamanos en esas contadas ocasiones en que el pueblo se enorgullece porque no venga la banda de otro pueblo, o la de cornetas y tambores, a tocar sus procesiones, caballos fufos y algún concierto (estos importan menos porque no llaman la atención de mucha gente). Quieren a la música para que los votos de aquellos a los que sí le preocupe que sus hijos se formen, no cambien el color de su papeleta en el momento de las elecciones. Lo sé porque si uno quiere algo casi siempre lo consigue, como consigue que  haya un equipo de fútbol por sobre todas las cosas. Este es el panorama que yo veo y no difiere mucho del que ven otros tantos que sienten rabia e impotencia ante el devenir de las cosas.
                       
            Con este recorrido quería ubicar el problema de nuestra música, de nuestra academia y de nuestra banda. Por favor, no pido que me creáis sino que leáis lo que escribo y os informéis. Pedid las versiones de los políticos implicados en las decisiones que se toman en relación con la música, la escuela y la banda. No creo estar en posesión de la verdad, este es mi blog y en él escribo lo que pienso y siento, lo que opino siempre de acuerdo con la experiencia vivida; es mi verdad. Vayamos con el presente.

El pasado siempre nos ayuda a evitar errores en el presente. Tazacorte debería tener experiencia para no volver sobre los pasos errados pero tampoco debe el hombre tropezar otra vez en la misma piedra y lo hace; cuestión de humanidad, ¿no?. Ahora, recientemente, se nos cuenta que la Asociación de amigos de la música S. Miguel de Tazacorte, creada este mismo año, debe disolverse para regularizar la situación de la música en nuestro pueblo. La Banda debe volver a ser municipal, y repito lo que dije en el mismo cuarto de ensayo que tantas otras reuniones acogió, ¿cuándo dejó de serlo? Que yo sepa nunca. También admito que no soy abogado, que no sé de leyes y que me debo fiar, tristemente, incluso de quien me quiere mentir para aprovecharse. Se nos dieron 42000 euros y se han gestionado óptimamente, por una junta directiva en la que ha habido más deserciones que en la serie americana Norte y Sur. Nuestro pueblo me ha demostrado también, es lo que tienen las misiones humanitarias –se toma conciencia de lo que cuesta hacer algo sin recibir nada a cambio-, estar poco comprometido con la cultura musical que es herencia histórica y no presente caprichoso. Duele sentirse solo porque cada crítica que llega es si cabe más dañina al venir de convecinos que pueden hacer más y no lo hacen. La junta directiva está constituida por unos pocos “locos” que soportan estoicamente la indiferencia popular, el desarraigo por los valores musicales de siempre, los engaños de unos y otros, las maledicencias ocasionadas por los intereses encontrados, las rencillas políticas y mil cuitas más. Y claro,  siempre hay una última gota que colma el vaso.

La sentencia de muerte no pretende ser instantánea. Quienes disparan a matar, en este caso, tienen tiempo para cobrarse la pieza pues no hay muchos más rapiñadores de cadáveres cerca y se complacen y regodean viendo cómo boquea el animal mientras la vida se extingue en su interior. Se quiere, se lucha, se anhela un futuro mientras exista lugar al menos para la esperanza que, cuentan,  es la última que se pierde pero, cuando ya los apoyos son incómodos, las ayudas complicadas y los “amigos” huyen presas del miedo, del pánico político, es momento de dar paso a los créditos y bajar el telón. Es momento de olvidar el sueño y centrarse en la realidad. ¿No quieren música?, a alguien no le importa y el dinero es buena excusa cuando la imaginación muestra cielos negros y nubes llenas de ácido desinterés. Si cuando hubo “perras” no se hizo ¿qué pudo hacer pensar a estos pocos ilusos que ahora, con una crisis al trote, el panorama sería más halagüeño? La ilusión hace ilusos a los que sueñan despiertos, aquello de que: “no me llames iluso porque tenga una ilusión”, ¿se acuerdan? En esta ecuación, volviendo a lo que me es familiar, hay una variable extraña que convierte el modelo en impredecible: la política. Una variable que lleva en hibernación muchos años, en estado de latencia sin tomar parte activa en la destrucción, en la aniquilación última de la música pero clavando al mártir en la cruz y viendo cómo la víctima se desangra poco a poco.

Esa política que nos amarga.

Hacen hoy lo que quieren para que mañana los que vengan deshagan lo anterior y rehagan lo que funciona porque simplemente no lo hicieron ellos. Así son. Eso es la política ahora. Un maremágnum de ideas, muchas inconexas, planteadas en las circunstancias especiales de un contexto cambiante sin tomar en cuenta el hecho innegable que nada es para siempre y la política no podía ser menos. Ponen a estos sin más argumento que el “porque sí”, sacan a aquellos con un somero y sucinto “porque no”. No hay una previsión, no hay una estrategia a largo plazo, ni siquiera a medio plazo. Volverse locos a hacer por hacer para aparentar que se hace sin pensar en qué se hace y lo que eso conlleva: como el jugador de ajedrez malo e irresponsable que no aprende a vivir preservando fichas sino a morir planteando guerras en cualquier frente para perder peones, alfiles y hasta reinas. La táctica es escapar 4 años en una frenética espera de que esa publicidad que exalta el mérito dudoso y adquirido por las pocas cosas bien hechas se oiga, se vea y se sienta mucho más que las silenciadas, ahogadas y asesinadas meteduras de pata. Viviendo del “hago lo que quiero porque puedo” y del “o están conmigo o contra mi”.  La ley del desierto: vive para pensar en respirar el minuto siguiente.

            En base a todo esto en breve no habrá actividad docente musical, o sí, ¿quién lo sabe? Puede que se improvise un parche de emergencia si hay evidencias de que peligran los apoyos apalabrados y se dan las condiciones mínimas o puede que no porque el silencio así lo permita. Si chillan mucho, si patalean, si arrecia la crítica puede que inventen una nueva modalidad de contrato, un milagro de días, un cuento increíble que ya casi nadie creerá, al menos yo no. Y todo esto, amigos lectores, será otra daga más en el vudú de nuestra música bagañeta. Lo resistirá pero, mientras tanto, los que mamamos de esa fuente y agradecemos tanto lo que nos aportó, nos desangraremos entre estertores que ahogarán la ilusión que nos resta. Nadie vive eternamente. Ni siquiera el amor por la música de un pueblo sobrevive a tantos homicidios. No moriré para la música que está en mi porque así me lo inculcaron desde joven, a no vivir sin ella,  pero sí ha muerto ese sueño de ver a mi pueblo regresar por la senda de su historia, de ver refulgir con el brillo de antaño nuestro Tazacorte musical. Todo tiene un fin sólo que el iluso lo espera siempre para luego.



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