domingo, 12 de abril de 2015

Una de piratas.

Vivimos tiempos revueltos. Esta España que nos engulle a bocados, entre arcadas de crisis galopante, entre penurias económicas venidas a menos, eso sí,  según dictámenes de este milagroso gobierno de derechas que nos cercena la cintura y hasta el cuello, y algunas ligerezas más, éste nuestro país clama venganza pero no encuentra culpables. Quizás debería decir que no asume las culpas, porque esos gobernantes continúan bailando al son de los que han claudicado ante Bruselas, la Troika, Merkel y Cia. Qué son más que un grupo de avezados chupópteros destruyendo sueños de la misma manera que la pleamar arrasa castillos de arena en la misma orilla. España, esa que es una y es libre, está sin embargo, atada de pies y de manos, encerrada en la jaula dorada que han construido el señor presidente y su cohorte de plañideras y “apretatuercas”. Ni les importa lo que pasa ni les tiembla el pulso a la hora saltarse a la torera el estado de bienestar. Si hay que destruir el sistema educativo pues adelante, no hay problema, se cuentan un par de milongas y se pronuncian las palabritas mágicas: hay que apretarse el cinturón.  Fin de ese capítulo y al siguiente párrafo de ley Güert ¿o era Gürtel? Da igual, cuando se trata de robar cualquier medio es válido. Pero yo no quiero hablar de ese otro y primigenio problema nacional, me interesa mucho más centrarme en lo que acontece por estos lares, en nuestros suburbios políticos.

            No entiendo nada. Esa es la premisa desde la que escribo sobre este tiempo de comicios que se nos acerca. Y me pregunto: ¿por qué un maestro, diputado, con su jubilación asegurada y pongamos que merecida, se mete en el lío de sucesiones a un Cabildo del que su partido fue expulsado por los que usan a su libre albedrío los votos de los ciudadanos?, ¿por qué los políticos, aquí y allá, se saltan a la torera el deseo que los votantes manifiestan en las urnas el día de las elecciones?, ¿por qué se aferran a la actividad política después de haber fracasado en los potenciales objetivos de la formación a la que pertenecen o en los suyos propios y personales?, ¿por qué alguien que naufragó en su propósito de gobernar en el puente de mando del acorazado insular palmero, pretende ahora cambiar ese primer deseo que un día pidió al lanzar la moneda al aire de sus negligencias, por el de una capital en buen rumbo hasta la fecha y desde el suceso?, ¿por qué no se regenera el partido canario por excelencia, ese partido de los fracasos y decepciones, de los chascos y escándalos insulares?, ¿por qué un determinado partido de derecha elige a un candidato casi desconocido en su pueblo después de ostentar una concejalía en el municipio vecino?, ¿por qué esas intrigas de palacio tan secretas para destronar a quien lo ha hecho menos mal y poner a quien sólo ha recogido aplausos en pos de veinte mil alharacas bajo el rótulo de “cultura”, sin haber demostrado poder regir destinos de un partido a día de hoy con suma importancia en la ciudad de más habitantes de la Palma? ... Sigo teniendo mil preguntas que hacerme cada día, casi a cada momento, y no obtengo respuestas en ningún lado. Hace unos días escuchaba al señor candidato al Cabildo insular por la coalición de todos los canarios (eso dicen aunque yo no sienta que es la mía por ahora) en una entrevista para una radio local, admitir que quizás en su anterior gobierno desdeñó las posibilidades del turismo en nuestra isla. ¿Qué turismo es ese? El futuro sólo pasa por campos de golf regados con no se sabe bien qué agua (¿la misma que es oro para el agricultor de la comarca Oeste o la que abunda en la comarca Noreste?). Los políticos van de aquí a allá, prometiendo mejorarlo todo pero sin contar cómo. Le escuché, como veterano curtido en mil guerras, expresarse con buen verbo y excelentes prestaciones dialécticas, y hacer hincapié en que en su guerra no dispararía a ningún “enemigo”/rival. ¿Quién lo cree? En tiempo de guerra todo hueco es trinchera y el que está enfrente sin bandera blanca sólo merece una andanada.

            A todas estas debo referirme a un episodio inaudito en lo que a política se refiere en nuestra pequeña islita. Ese agujero negro del pensamiento, que es la actividad política,  absorbe masa y la diluye con una facilidad entre pasmosa y sorprendente pero acontecen de vez en cuando, coincidiendo tal vez con el paso del cometa Halley, o siendo demasiado optimistas, con la lluvia de Perseidas, algunos fenómenos paranormales. El nacimiento de una enana blanca, el hundimiento del Titanic, el hombre llega a la Luna, Hemingway escribe “El viejo y el mar” o un ser político deja de ejercer como tal y vuelve al mundo de los que tenemos sombra, sudamos y miramos el despertador, llenos de cansancio y sueños de vacaciones paradisíacas. El horizonte temporal se acerca tanto que somos capaces de ver el futuro por una de esas gafas de visión tridimensional que acercan la irrealidad hasta casi poder tocarla, que nos muestran a Rajoy cómodamente sentado en la mecedora del salón de un geriátrico liado entre los puntos de seda que aprende a tejer bajo la mirada admonitoria de la señora Merkel. Casi puedes rozar  la espalda de Ana Botella y te esfuerzas por evitar que clave ese puntiagudo alfiler una vez más en un muñeco que jurarías, se parece mucho a la siempre risueña Esperanza Aguirre, versión de trapo y gamuza. Pedro Sánchez pierde las elecciones y se retira a estudiar cantos gregorianos en el Monasterio de Silos. El recogimiento y la paz consiguen que el Padre Rubalcaba, otrora monje ejemplar, predique las bondades de una izquierda más popular y menos populosa en la persona del devastado acólito tras el chasco de sus pactos chamuscados. El incendiario Coletas prende la llama de esa izquierda centralizada y casi te llegas a quemar viendo arder hasta los trajes de Camps. Un armario completito, lleno de tramas, enredos, corbatas y zapatos de tacón, del que salen palmeándose las vergüenzas antiguas ministras y elegantes profesores universitarios. Ni el bolso de Mary Poppins se atrevió a rivalizar con ese nido de sorpresas nefastas: una infanta sin reino, la coleta de un vidente, los anillos de pedida de Susana y su ratón, bien crecidito, eso sí, y sobre alimentado… ¡Qué panorama! En este universo de locura un gramo de cordura es la droga de los iluminados.

            Pues pasa que en esto llega D. Manuel. Profesor, familiarizado con el idioma de los Sir aunque no con sus costumbres snob, aparca en su plaza de parking sin reserva, en los alrededores del Eusebio Barreto, aquí, en su tierra. Con tantas o más ganas de ser que de parecer, se echa la esperanza a la espalda llena de cuchilladas. Y de esta manera, hace ya unos años decidió, tal vez sin querer, como la manzana en la cabeza de Newton, sentar un peligroso precedente en la política insular. Los libros de hidalgos caballeros con pluma y cerebro, llenos de cordura, de humildad y de apego por sus ideales lo mentan –narran los sinsabores de un guerrero que quiso ser destronado por la insaciable voracidad de las nuevas ideas, recientes pero con el sabor de esas otras esencias prestadas-. Como aquellos jinetes de un apocalipsis ideológico que luchan contra los gigantescos, con pies de barro eso sí, molinos de aspas multi/identitarias. Giran y giran produciendo un vacío energético en casi todo lo que tocan, originando espacios ingrávidos por los que flotan seres de cómic: Mortadelo y Garzón, el Coletas, Mazinger Sánchez, Zipi y Zapa…, la leona del metro madrileño, etc. Todos ellos se agarran a cualquier asidero con pinta de poltrona confortable, siempre bien mullido el acomodo con billetes de 500, con cuentas en la Conchinchina y con un historial de un millón de mentiras a cuentagotas. Así sobrevino, así ocurrió lo insólito en el reino de taifas palmero, entre votos de menos y arrogancia de más. D. Manuel vino a decir, poco más o menos, que si la política no le permitía expresar lo que pensaba, si los conflictos debían ser más que las celebraciones, él prefería hacer la guerra en las aulas, formando mentes libres: ¡qué temeridad! Preparar a los combatientes del futuro para que puedan enfrentarse a la “international people” haciéndose entender cuando no escuchar entre el  barullo de un mundo cada vez más cosmopolita. El palmero deberá morder desde lejos la mano de quien le quita la comida, tal vez allende las fronteras del reino entre jergas de otros mundos, sajones, normandos y anglos del siglo XXI: deberemos aprenderlo o morir en el intento.
Vislumbró otra manera más sencilla de ser coherente consigo mismo pero claro, a partir de una práctica herética y eso siempre tiene un precio (como la muerte). Vade retro Satanás, Lucifer, ángel de la oscuridad –rápidamente fue excomulgado por el capellán de la orden de los sinvergüenzas, prevaricadores, ladrones de esperanzas, rociado en cada ocasión por el agua sucia de truculentos blanqueos de capital, oficinas que debieron existir antes de recibir el último céntimo que pretendía su construcción, etc.- En su libro, San Manuel bueno mártir, que escribiera el histriónico por momentos, D. Pío, Baroja claro, D. Manuel pierde la fe, su oscuro secreto es revelado al fin. En su partido o en los que pretendieron ver en él alguna marioneta supeditada al nuevo mandato asumieron perderle en la inmensidad de la honradez, esa isla a la que enviaban los casos perdidos. “Para sufrir eso prefiero tolerar cuchicheos y ganarme mi pan”, supongo que se dijo a sí mismo, entre risas de hienas y pan duro. No sé lo que puede haber de bueno o mejor, políticamente hablando, en él pero D. Manuel hizo algo extraño y así quedó grabado a fuego en las conciencias de esos seres oscuros que campan por nuestras administraciones públicas sin haber aprobado oposición. El miedo comenzó a surgir en la oscuridad. Algunos destaparon la historia y se la contaron a sus retoños para acunarles, autosugestionándose a sí mismos para el momento fatídico en que pasaran a engrosar la lista de mártires.

            El suicidio nunca es asistido por quien nos crea sino que es premeditado por la parte de cada uno que nos odia. ¿Habrá más suicidios políticos? La historia dice que sí, la realidad la supera aportando ejemplos.

           Algo así le debió suceder a D. José María, Chema para los amigos: algo parecido al ejemplo de D. Manuel –un ejercicio ejemplar, magistral-. Se vio sólo, abandonado por aquellos que parecieron casi siempre sus socios de faena más que sus compañeros de fatiga. Se encorajinó y perpetró la conspiración del hartazgo. Se cansó del refrán: prometer hasta meter y luego de metido nada de lo prometido. La derecha de rancio abolengo optó por el respeto a los irrespetuosos y por no cumplir ni un solo acuerdo. Fin de la historia, no va más. Cambio de cromos en la acera de enfrente y atmósfera insana pero respirable: se agradece un soplo de aire fresco aunque sea sucio.
Sesión golfa. Pacto de nibelungos. ¿El anillo? El príncipe oscuro deberá desposar una bella princesa de lacios cabellos, sin dejar que el anagrama de unas islas olvidadas por siempre jamás, sea bien visto por todos, desde lo alto del pendón procesional, sea cual fuera aquel. La comedia de este absurdo se proyectará en el único cine del Valle hasta el 21 de Mayo –sino lo cierran antes-, con sesiones desperdigadas por los campos de Aridane y sus alrededores.
 Ahora en broma, Chemita se fue porque para el zapato no encontraba pie. A unas le molestaba el uñero de una formación anquilosada. Maltratada por los tacones, el tobillo no resistía más plataformas anti/plantas de asfalto. A la otra el gemelo le salió avispado, y voló a la concejalía del Cabildo; con tanto sufrimiento el pie se le hinchó y el zapato no entraba sino a ratos. ¡Calzar el mismo pie y dejar otras huellas!, qué ironía. Chemita sufría con sólo mirar el esfuerzo de los pasos descarriados y los dedos embutidos como chistorras. Así no hay quien se canse de pensar en volver a la placidez de una cátedra aunque el asiento no sea tan mullido ni el ruido de aplausos sea tan considerable. Se fue por la puerta de atrás, por alguna trampilla de la tarima o por el sitio del apuntador –ya se sabía el papel y cada día le gustaba menos-. Se fue dejando atrás  una novia sin herencia y otra sin muleta. El cuento termina y el final sólo plantea puntos suspensivos, ¿habrá segunda parte?  Se cierra el telón.

        Lo distinto sólo es casual si el que lo mira no lo sabe ver.

No hay comentarios: