domingo, 1 de junio de 2014

Cansados de esperar

Un domingo más me reúno con D. Poleto y sus compinches del dominó. Se juntan unos cuantos cada tarde o mañana de domingo, para pensar en “matarle” la ficha al contrincante, siempre adivinando los agujeros negros en los trocitos de marfil que rodean las opciones propias. Un juego diferente cuyo origen sitúan algunos entendidos, en una de esas dinastías chinas de los años 1100. Enfrenta a 4 contrincantes aliados en pares pujando por colocar la última de las 7 fichas que le corresponden a cada cual; gana quien coloca antes todas sus piezas o quien, en su defecto, queda con piezas menos pesadas (de menor puntuación). Da para muchas tardes pensando y para evocar ideas más allá del simple conteo o de las miradas cómplices, como sucede en esta ocasión en que os trataré de relatar otro de los devaneos de nuestro amigo.

Una vez transcurrida la mitad del año 14 de este vigésimo primer siglo de humanidad, echamos la vista atrás para apreciar cómo se alejan, aún en el horizonte de algunos pocos días, las estelas de esas elecciones europeas tan esperpénticas. Se alejan y a la vez claman por ocultarse en el silencio de nuestras esperanzas frustradas: no hubo nada bueno en lo de siempre y sí que se auspició un latente clamor popular en pos de partidos de dudosa ideología encabezados por desconocidos que ilusionan aunque lo hagan tanto más en el panorama propagandístico que en el de los hechos constatables. No negaré que mis conversaciones con D. Poleto me han obligado a indagar en la red mucho sobre el señor Pablo Iglesias, todo lo que he podido y algo más, quizás. No veo televisión pero sí que he recurrido a los videos, colgados en esa nube internáutica, para saber algo sobre este señor. Un currículo envidiable orientado siempre al lado izquierdo del ideario político; Juventudes Comunistas, articulista en la revista Público, colaborador del Gato al agua –¿la excepción confirma la regla aunque rechine la conciencia derechística de aquella manera?-. No sé ustedes pero a mi se me enredan los lazos cuando intento atar cuerdas, que no cabos, en relación a su filiación político-social. En la extrema izquierda le hacen un hueco, pero también le reclaman los del derechismo incontinente y él se deja querer, parece. Su debate abunda en el verbo sostenido por la suavidad y lo contenido del tiempo que se toma para vocalizar, y esto hace que su discurso sea tanto más reaccionario y se coloque muy del lado de la oposición  más recalcitrante para con ese “status quo” establecido. Ahora bien, no me interesa porque a D. Poleto tampoco, entrar en disquisiciones sobre los fundamentos de su debate, Pablo Iglesias habla mucho de todo aquello que el pueblo necesita escuchar y lo hace en esos términos que el populacho, usted y yo, reclamamos para cualquier político opositor a una plaza de confiable gestor. Habla de moderación, contención, recorte, poda y desbroce de la maleza de cargos políticos que esquilman nuestros maltrechos residuos económicos; y eso señores, eso es decirnos lo que necesitamos oír. Ahora bien, ¿PODEMOS confiar en que algo nuevo en el discurso mejorará lo de siempre y sus mentiras? Es, como dice D. Poleto, comer migas a falta de pan. Aturdirse por este despabilamiento político, por este intento de gritar cordura en medio del vandalismo, la inmoralidad y la irracionalidad política actual,  parece obligado. Nadie puede sentirse indiferente pero yo os digo, ¿da para confiar en que se puede?

En La Palma el partido de nuestra tierra canaria ha perdido 30000 votantes en relación a los anteriores comicios europeos. Ante la radicalización postural de los que se acomodaban en su silla ideológica con el trasero a la izquierda o a la derecha, se estila ahora esa otra opción muy hippie, muy de moda además del: nada de sillas, ni de acomodos, “el culo al aire”. Incomodado por las piedras del camino nos sentamos para descansar sin desperezarnos. Por la china en el zapato se lucen los pies desnudos, en modo de protesta, porque haya quien vista Manolo´s cuando el mundo camina descalzo. Ese es el grito que D. Poleto sugiere para estos comportamientos tan extraños que han corroborado las pasadas elecciones. Puede que nadie de entre todos ellos, de esos que visten gorduras prestadas por los bolsillos de otros, o zapatos sufragados por las penurias suyas o mías mientras vuestros calcetines tienen algún agujero más negro en la noche que la esperanza que alumbran sus decisiones, les crea, pero ahí siguen estando por ese conformismo tan nuestro como el gofio. Nadie comienza a sentirse igual ante tanta enormidad en las malas artes, en los malos modos, en los malos tiempos que duran años; aparecemos muchos poquitos que escribimos lo que sentimos, gritamos lo que pensamos, peleamos por lo que nos duele. El trato aristocrático del político ha provocado que el ciudadano le mire por debajo el hombro y, sin levantar la cabeza, le reclame sus miedos en formas tantas: desgraciadamente esas maneras pueden ser muy inadecuadas, ¡humanos que somos.¡ Algo se ha roto y D. Poleto me lo viene diciendo hace tiempo; nadie se preocupa por arreglarlo y les vale con reparar, con chicle y saliva, el desperfecto y seguir así, rodando por esa autopista de sinrazones. Habrán choques, accidentes mucho más fatales que un Pablo Iglesias. Podrá haber un choque múltiple como ha sido el triunfo de la ultra derecha francesa (LePen es un atisbo de pesadilla demasiado real como para otorgarnos la posibilidad de volver a dormir sin erradicar aquello que la provoca) o podrá romperse algún miembro de alguno de esos con las manos alzadas frente a una esvástica, con cabezas rapadas y cerebros muy ennegrecidos por ese pasado espeluznante que nos hizo temblar. La tercera guerra mundial la libra el mundo trocando subfusiles por plumas estilográficas: “firmando acuerdos me olvidé un día que a mi nadie me convenció de nada”, podría decir alguno de los Rajoy, Zapatero, Rubalcaba. A este último le tiró el caballo en plena cacería de votos; no ha sido de gravedad el golpe dicen pero el ojo derecho lo ha perdido. Siempre le quedará Carmen Chacón, Susana Díaz o algún varón de menos raigambre izquierdista pero con una hoja de servicios un poco más aliviada de sospechas; algunas prótesis plausibles, que lo son por obligación, se fajan por ser opción; ahora solo falta ver si el cuerpo socialista no rechaza el implante.

Pero os hablaba D. Poleto del panorama palmero. Aquí hay retoques significativos. En Tazacorte gana CC-UB, nada nuevo si atendemos a lo ocurrido en los pasados comicios locales pero tiene miga el asunto porque venimos de un proyecto ilusionante que se desmorona entre alaridos de imposibles, graznidos de improbables, quejidos del pasado y golpes de pecho por logros de escasísimo valor, cuando menos. En ocasiones una pastilla de frenos significa vida, en otras empero solamente constituyen un residuo molestoso y muy contaminante (cancerígeno me cuentan).  Algo así, como con ocurre con alguna de estas pastillitas, pasa en ciertos hechos que acontecen en nuestro pueblito. Se cacarean: la puesta de un bloque, la limpieza de una dependencia municipal, abrir las puertas de aquel local para que se ventile, pero se silencian que se acondicione una carretera, después de unos desprendimientos, recurriendo a maquinaria (a una empresa) ajena al municipio  (sino se consiente en admitir que por ubicarse su sede en el pueblo ya es bagañeta) habiendo otra empresa (al menos) que podría prestar ese servicio con el consecuente beneficio para el pueblo y para el negocio en sí. ¿Lo entendemos? Pues eso sí que es vital, ya que marca el devenir de otra opción propia del bagañete por subsistir que lleva siéndolo desde sus inicios hace ya unos años. La fragilidad económica de los tiempos que corren convierten en oportunidad de respirar cualquier mínimo gesto, no altruista por supuesto, sino moral y racional para con los intereses del municipio. Alentar la economía bagañeta no es sólo propiciar que abra sus puertas una nueva tienda sino también, conspirar con esas oportunidades casuales que depara el día a día, “ayudas” para que un negocio que ya existe no cierre las suyas.  Por favor, no dejemos extender un  tumor así, nacido de una simple mala práctica; no nos lo podemos permitir de ninguna manera, viendo el deplorable estado de nuestra “economía” local. Estas pequeñas desgracia las notan los que han venido confiando en quienes rondan Ayuntamientos y/o Cabildos y ya decidieron, en las pasadas elecciones, hablar. No os quepa ninguna duda que lo harán de nuevo, y puede que de manera más estridente y rotunda en las próximas elecciones generales y locales: “el tiempo será testigo”, tal vez, “de que yo no me equivoco” –canta D. Poleto-, y aunque digan que estoy loco, oye bien lo que te digo… (se asoma Frosinio con la guitarra, acordando desafinar a ratos y consumir siempre un vaso más del que quede en la botella). Pero,  ¿en qué momento se armó esta barahúnda?

            Por último, debo escribir otro epitafio de los de D. Poleto, me siento obligado por su vehemencia: “cuando bebo resuelvo problemas imposibles de tratar para un abstemio”. Tal vez la solución sea tan pasajera como la borrachera pero ¡qué contento te sientes al opositar a genio¡, debería pensar nuestro amigo en la neblina de efluvios de un vino de mesa o creo que intuir por estas frases que regala a los que le escuchamos. La partida terminó y volvió a perder; son la pareja más desafortunada de entre las muchas que se juntan cada tarde para matar horas entre fichas y moscas expertas en vivir molestando unas pieles manchadas y descolgadas por la premura del tiempo. Frosinio le conoce muy bien y D. Poleto, mayor y experimentado en dejar entrever ideas, cuela las suyas por los resquicios de sus ojos, allí por donde alguna lágrima brotó un día al despertar y verse animado por un amigo a compartir su mayor renta: la soledad. Molesta verles perder turno tras turno y esperar que una nueva pareja les birle las risas y se apropie la arrogancia que concede la victoria a todo el que no la aprovecha. Sin embargo, siguen mintiéndose en silencio: si D. Poleto y Frosinio no fueran a jugar al dominó cada tarde, ¿quién alegraría sino, un ratito al menos, la vida del que llega cansado de perder en la vida a casi todo?  Son el encanto de la derrota, la virtud de provocar sonrisas, el don de la felicidad humanizado; por una copa de más, las notas de una vieja guitarra estropean el silencio con acordes de las mismas canciones de siempre y ellos son un poquito más felices y nos lo hacen parecer.  Aunque los que asisten a estas clases aceleradas de buen vivir no toman notas, sí que olvidan, en la misma entrada de la plaza, los problemas. No hay petróleo en sus mentes aunque sea cada vez más cercano ese momento en que el chapapote llegue a nuestras playas y manche nuestro turismo; quizás en ese instante afecten sus conciencias algunos aliviados por su cómoda existencia. Somos frágiles y en ese equilibrio roto mil veces para con el medioambiente nos hemos empecinado en creer que todo vale. Nos dicen de recortar y recortamos, hasta parecer caricatura de nosotros mismos; nos dicen que Europa nos debe sostener y morimos un poco más cada día por los caprichos de cierta dama del Norte ahora nos apareció el piche en el fondo del maletín del "iluminatti" de  turno, no se conforma con el sueldo inmerecido y gigantesco a fin de mes sino que quiere ademar los favores del más grande, del más poderoso, del que en este corrompido mundo, todo lo puede.


Cuando la alegría se alió con dinero dejamos de ser felices, no hay más. D. Poleto encontró la solución a esos naufragios de desesperanza en el fondo de un par de medidas de vino “perrero”. Ya os dije que no era un "transvulcano" de los de ahora pero logra sonreír a su manera.

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