Un domingo más me reúno con D. Poleto y sus compinches del
dominó. Se juntan unos cuantos cada tarde o mañana de domingo, para pensar en
“matarle” la ficha al contrincante, siempre adivinando los agujeros negros en
los trocitos de marfil que rodean las opciones propias. Un juego diferente cuyo
origen sitúan algunos entendidos, en una de esas dinastías chinas de los años
1100. Enfrenta a 4 contrincantes aliados en pares pujando por colocar la última
de las 7 fichas que le corresponden a cada cual; gana quien coloca antes todas
sus piezas o quien, en su defecto, queda con piezas menos pesadas (de menor
puntuación). Da para muchas tardes pensando y para evocar ideas más allá del
simple conteo o de las miradas cómplices, como sucede en esta ocasión en que os
trataré de relatar otro de los devaneos de nuestro amigo.
Una vez transcurrida la mitad del año 14 de este vigésimo
primer siglo de humanidad, echamos la vista atrás para apreciar cómo se alejan,
aún en el horizonte de algunos pocos días, las estelas de esas elecciones
europeas tan esperpénticas. Se alejan y a la vez claman por ocultarse en el
silencio de nuestras esperanzas frustradas: no hubo nada bueno en lo de siempre
y sí que se auspició un latente clamor popular en pos de partidos de dudosa
ideología encabezados por desconocidos que ilusionan aunque lo hagan tanto más
en el panorama propagandístico que en el de los hechos constatables. No negaré
que mis conversaciones con D. Poleto me han obligado a indagar en la red mucho
sobre el señor Pablo Iglesias, todo lo que he podido y algo más, quizás. No veo
televisión pero sí que he recurrido a los videos, colgados en esa nube
internáutica, para saber algo sobre este señor. Un currículo envidiable orientado
siempre al lado izquierdo del ideario político; Juventudes Comunistas,
articulista en la revista Público, colaborador del Gato al agua –¿la excepción
confirma la regla aunque rechine la conciencia derechística de aquella manera?-.
No sé ustedes pero a mi se me enredan los lazos cuando intento atar cuerdas, que
no cabos, en relación a su filiación político-social. En la extrema izquierda
le hacen un hueco, pero también le reclaman los del derechismo incontinente y él
se deja querer, parece. Su debate abunda en el verbo sostenido por la suavidad
y lo contenido del tiempo que se toma para vocalizar, y esto hace que su
discurso sea tanto más reaccionario y se coloque muy del lado de la oposición más recalcitrante para con ese “status quo”
establecido. Ahora bien, no me interesa porque a D. Poleto tampoco, entrar en
disquisiciones sobre los fundamentos de su debate, Pablo Iglesias habla mucho
de todo aquello que el pueblo necesita escuchar y lo hace en esos términos que
el populacho, usted y yo, reclamamos para cualquier político opositor a una
plaza de confiable gestor. Habla de moderación, contención, recorte, poda y
desbroce de la maleza de cargos políticos que esquilman nuestros maltrechos
residuos económicos; y eso señores, eso es decirnos lo que necesitamos oír.
Ahora bien, ¿PODEMOS confiar en que algo nuevo en el discurso mejorará lo de
siempre y sus mentiras? Es, como dice D. Poleto, comer migas a falta de pan.
Aturdirse por este despabilamiento político, por este intento de gritar cordura
en medio del vandalismo, la inmoralidad y la irracionalidad política actual, parece obligado. Nadie puede sentirse
indiferente pero yo os digo, ¿da para confiar en que se puede?
En La Palma el partido de nuestra tierra canaria ha perdido
30000 votantes en relación a los anteriores comicios europeos. Ante la
radicalización postural de los que se acomodaban en su silla ideológica con el
trasero a la izquierda o a la derecha, se estila ahora esa otra opción muy
hippie, muy de moda además del: nada de sillas, ni de acomodos, “el culo al
aire”. Incomodado por las piedras del camino nos sentamos para descansar sin
desperezarnos. Por la china en el zapato se lucen los pies desnudos, en modo de
protesta, porque haya quien vista Manolo´s cuando el mundo camina descalzo. Ese
es el grito que D. Poleto sugiere para estos comportamientos tan extraños que
han corroborado las pasadas elecciones. Puede que nadie de entre todos ellos,
de esos que visten gorduras prestadas por los bolsillos de otros, o zapatos
sufragados por las penurias suyas o mías mientras vuestros calcetines tienen
algún agujero más negro en la noche que la esperanza que alumbran sus
decisiones, les crea, pero ahí siguen estando por ese conformismo tan nuestro
como el gofio. Nadie comienza a sentirse igual ante tanta enormidad en las
malas artes, en los malos modos, en los malos tiempos que duran años;
aparecemos muchos poquitos que escribimos lo que sentimos, gritamos lo que
pensamos, peleamos por lo que nos duele. El trato aristocrático del político ha
provocado que el ciudadano le mire por debajo el hombro y, sin levantar la
cabeza, le reclame sus miedos en formas tantas: desgraciadamente esas maneras
pueden ser muy inadecuadas, ¡humanos que somos.¡ Algo se ha roto y D. Poleto me
lo viene diciendo hace tiempo; nadie se preocupa por arreglarlo y les vale con
reparar, con chicle y saliva, el desperfecto y seguir así, rodando por esa
autopista de sinrazones. Habrán choques, accidentes mucho más fatales que un
Pablo Iglesias. Podrá haber un choque múltiple como ha sido el triunfo de la
ultra derecha francesa (LePen es un atisbo de pesadilla demasiado real como
para otorgarnos la posibilidad de volver a dormir sin erradicar aquello que la
provoca) o podrá romperse algún miembro de alguno de esos con las manos alzadas
frente a una esvástica, con cabezas rapadas y cerebros muy ennegrecidos por ese
pasado espeluznante que nos hizo temblar. La tercera guerra mundial la libra el
mundo trocando subfusiles por plumas estilográficas: “firmando acuerdos me
olvidé un día que a mi nadie me convenció de nada”, podría decir alguno de los
Rajoy, Zapatero, Rubalcaba. A este último le tiró el caballo en plena cacería
de votos; no ha sido de gravedad el golpe dicen pero el ojo derecho lo ha
perdido. Siempre le quedará Carmen Chacón, Susana Díaz o algún varón de menos
raigambre izquierdista pero con una hoja de servicios un poco más aliviada de
sospechas; algunas prótesis plausibles, que lo son por obligación, se fajan por
ser opción; ahora solo falta ver si el cuerpo socialista no rechaza el
implante.
Pero os hablaba D. Poleto del panorama palmero. Aquí hay
retoques significativos. En Tazacorte gana CC-UB, nada nuevo si atendemos a lo
ocurrido en los pasados comicios locales pero tiene miga el asunto porque
venimos de un proyecto ilusionante que se desmorona entre alaridos de
imposibles, graznidos de improbables, quejidos del pasado y golpes de pecho por
logros de escasísimo valor, cuando menos. En ocasiones una pastilla de frenos
significa vida, en otras empero solamente constituyen un residuo molestoso y
muy contaminante (cancerígeno me cuentan). Algo así, como con ocurre con alguna de estas
pastillitas, pasa en ciertos hechos que acontecen en nuestro pueblito. Se
cacarean: la puesta de un bloque, la limpieza de una dependencia municipal,
abrir las puertas de aquel local para que se ventile, pero se silencian que se
acondicione una carretera, después de unos desprendimientos, recurriendo a
maquinaria (a una empresa) ajena al municipio
(sino se consiente en admitir que por ubicarse su sede en el pueblo ya
es bagañeta) habiendo otra empresa (al menos) que podría prestar ese servicio
con el consecuente beneficio para el pueblo y para el negocio en sí. ¿Lo
entendemos? Pues eso sí que es vital, ya que marca el devenir de otra opción
propia del bagañete por subsistir que lleva siéndolo desde sus inicios hace ya
unos años. La fragilidad económica de los tiempos que corren convierten en
oportunidad de respirar cualquier mínimo gesto, no altruista por supuesto, sino
moral y racional para con los intereses del municipio. Alentar la economía
bagañeta no es sólo propiciar que abra sus puertas una nueva tienda sino
también, conspirar con esas oportunidades casuales que depara el día a día,
“ayudas” para que un negocio que ya existe no cierre las suyas. Por favor, no dejemos extender un tumor así, nacido de una simple mala
práctica; no nos lo podemos permitir de ninguna manera, viendo el deplorable
estado de nuestra “economía” local. Estas pequeñas desgracia las notan los que
han venido confiando en quienes rondan Ayuntamientos y/o Cabildos y ya
decidieron, en las pasadas elecciones, hablar. No os quepa ninguna duda que lo
harán de nuevo, y puede que de manera más estridente y rotunda en las próximas
elecciones generales y locales: “el tiempo será testigo”, tal vez, “de que yo
no me equivoco” –canta D. Poleto-, y aunque digan que estoy loco, oye bien lo
que te digo… (se asoma Frosinio con la guitarra, acordando desafinar a ratos y
consumir siempre un vaso más del que quede en la botella). Pero, ¿en qué momento se armó esta barahúnda?
Por último, debo escribir otro
epitafio de los de D. Poleto, me siento obligado por su vehemencia: “cuando
bebo resuelvo problemas imposibles de tratar para un abstemio”. Tal vez la
solución sea tan pasajera como la borrachera pero ¡qué contento te sientes al
opositar a genio¡, debería pensar nuestro amigo en la neblina de efluvios de un
vino de mesa o creo que intuir por estas frases que regala a los que le
escuchamos. La partida terminó y volvió a perder; son la pareja más
desafortunada de entre las muchas que se juntan cada tarde para matar horas
entre fichas y moscas expertas en vivir molestando unas pieles manchadas y
descolgadas por la premura del tiempo. Frosinio le conoce muy bien y D. Poleto,
mayor y experimentado en dejar entrever ideas, cuela las suyas por los
resquicios de sus ojos, allí por donde alguna lágrima brotó un día al despertar
y verse animado por un amigo a compartir su mayor renta: la soledad. Molesta
verles perder turno tras turno y esperar que una nueva pareja les birle las
risas y se apropie la arrogancia que concede la victoria a todo el que no la
aprovecha. Sin embargo, siguen mintiéndose en silencio: si D. Poleto y Frosinio
no fueran a jugar al dominó cada tarde, ¿quién alegraría sino, un ratito al
menos, la vida del que llega cansado de perder en la vida a casi todo? Son el encanto de la derrota, la virtud de
provocar sonrisas, el don de la felicidad humanizado; por una copa de más, las
notas de una vieja guitarra estropean el silencio con acordes de las mismas
canciones de siempre y ellos son un poquito más felices y nos lo hacen parecer. Aunque los que asisten a estas clases
aceleradas de buen vivir no toman notas, sí que olvidan, en la misma entrada de
la plaza, los problemas. No hay petróleo en sus mentes aunque sea cada vez más
cercano ese momento en que el chapapote llegue a nuestras playas y manche
nuestro turismo; quizás en ese instante afecten sus conciencias algunos
aliviados por su cómoda existencia. Somos frágiles y en ese equilibrio roto mil
veces para con el medioambiente nos hemos empecinado en creer que todo vale.
Nos dicen de recortar y recortamos, hasta parecer caricatura de nosotros
mismos; nos dicen que Europa nos debe sostener y morimos un poco más cada día
por los caprichos de cierta dama del Norte ahora nos apareció el piche en el
fondo del maletín del "iluminatti" de
turno, no se conforma con el sueldo inmerecido y gigantesco a fin de mes
sino que quiere ademar los favores del más grande, del más poderoso, del que en
este corrompido mundo, todo lo puede.
Cuando la alegría se alió con dinero dejamos de ser
felices, no hay más. D. Poleto encontró la solución a esos naufragios de
desesperanza en el fondo de un par de medidas de vino “perrero”. Ya os dije que
no era un "transvulcano" de los de ahora pero logra sonreír a su manera.
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