Ahora
que comenzamos a sentirnos relajados después de la vorágine de emociones
sobrevenidas con nuestra Transvulcania, he creído oportuno reflexionar en alto
acerca de diferentes matices que irradian espejismos en ese caleidoscopio de
emociones que a todos nos arrasan el espíritu cuando observamos y, sobre todo sentimos que algunos nos creen más tontos de lo que somos. Lo nuestro es
nuestro y no depende para nada de quien creyó inventarlo algún día en ese
reciente pasado que nos recuerda que hoy no es ayer. Mirando al futuro y
esperanzados, críticos con lo que se hace y atentos a lo que se propone;
estupefactos ante lo que se cuece entre los que son salsa y en ocasiones, para
otros –como es mi caso- un simple “conduto”, para con la necesidad de alimentarnos
de fe esperamos acontecimientos y nos entristecemos sin remedio un poco más, consentimos en "dejarnos ir". Si
perdemos la esperanza en quienes nos han de gobernar no podremos vivir en la
confianza de sentirnos seguros y
confortables en ese “estado de bienestar” que a durísimas penas nos califican de garantiado. No se trabaja para otra cosa que no sea mejorar y vivir más, no al
menos aquellos que existimos en la fragilidad del bolsillo casi siempre vacío y
los números bancarios en saldo ardiente; y esa mejora no habla de ascensos
sociales, para nada, sólo de comodidades
desterradas ayer por la precariedad del único y pírrico salario y aplaudidas
hoy, cuando un par de fanegadas, algunos cientos de cabras más y muchas horas
de trabajo duro, convierten el sueño de un miserable en una realidad tangible y aún así humilde. Para esos otros que rezan
diferentes santos, que adoran aquellos dioses extraños y mortales, ensimismados por el amor a un servilismo
frágil pero severo y sólo explicable (en mi manera de pensar al menos) desde el
manido refrán “poderoso caballero es don dinero”; solo somos un puntito en la
lista de posibles opciones para garantizarse ese fin que justifica cualquier
medio: seguir viviendo mejor que los que permiten tal privilegio.
No hay envidia sana como no hay locura cuerda; se desea que
el Roll´s Royce del vecino con carpeta bajo el brazo y orondas formas,
engrosadas por suculentas cuentas bancarias o invitaciones intencionadas, sea mucho más parecido al Seat cómodo y
descolorido, con gomas llenas de alambres que no se deberían ver, aparcado en
la calle muy cerca de la acera que nos tapa la sombra de la ventana en nuestro
piso a eso de las tres de la tarde. No hay lugar para un aparcamiento ni para
una verja con puerta automática accionada por el mando a distancia que
desconecta nuestras ilusiones de las suyas; de ese otro mundo que vive
demasiado lejos del nuestro. Así vive nuestra clase política; no hay por qué
verse en el espejo de otros lugares más céntricos de esa nuestra península
patria, basta con usar otra escala de méritos, de valores, de rendimientos
económicos y de kilómetros cuadrados de poder; basta con que el Roll´s Royce
sea un Audi y que la villa sea un Bungalow; que la provincia sea un pueblo y la
ciudad una villa. Cambiamos caras como cromos de fútbol, de esos que valoran
las ilusiones de un niño por completar el negocio de su primera vida; y los
nuestros, más envejecidos e ilusos, mienten maneras de obrar para conseguir
hipnotizarnos la voluntad cada cuatro años con promesas que a lo mejor son
medias verdades y casi siempre, en lo peor claro, sueños imposibles. Tan poco
tiempo ha pasado de la Transvulcania que ni siquiera esta carrera puede hacernos
mirar a otra parte que no sea a Europa; siendo tan nuestra nos la quitan con
propósitos de enmienda, con pactos en cascada, con agua de borrajas y juegos de
ilusión. Porque no nos faltan las ganas de ver el vaso medio lleno creemos
alumbrar barcos con tesoros naufragados en playas paradisíacas y, con esa
linterna nocturna que descubre pecios millonarios dejar a la luz de su crítico
foco una imagen de pelea de perros callejeros, con pedigree eso sí. No se
pelean por cualquier filete sobrante de alguna opípara comida de jefes de
estado remilgados y con escuetas faldas y/o telas de pantalones, no señor, lo
suyo es morderse hasta desangrarse por el acomodaticio sillón de mando o las
órdenes de equipo. La caña pescará peces mientras que el regalo será sólo flor
de un día; se quiere la gallina de los huevos de oro aunque en la huevera los
haya por docenas, muy dorados y lustrosos. Y para conseguir el vellocino de oro
todo vale; lo mismo una mentira que una risa floja cuando tan sólo se necesitan
unos segundos para inventar una excusa.
Así, cansado, apremiado por el trabajo que da de comer,
sudoroso porque odia la impuntualidad, de esta guisa, con pantalón vaquero y
pocas o ningunas esperanzas se presentó D. Poleto en la sede del organismo que
todo lo puede en su isla. Porque un sueño no se imagina dormido, no siempre.
Una isla de usos cotidianos en la que lo normal es llevarse una decepción
cuando se mira a la cara de un político y se pone oídos a lo que nos tiene que
contar; no es territorio para confiables gestos de comprensión y empatía, sino
para miradas furtivas y desprecios varios. Previa cita y tras un par de
posposiciones se concreta la trascendental reunión en la que todo es nada en
cuestión de minutos. Pocos segundos mirando a la cara y mucho rato contemplando
un papel donde debía estar escrito en grande, un monumental y grotesco NO. ¿Es
posible hacer esto? NO, porque no podemos… ahora mismo… la crisis… cuánto me
gustaría pero es imposible… en estos momentos es inviable… lo siento… y un
final: bueno lo consultaré y le mantendré informado. Tiempo agotado, la salida
es una promesa de nada al cuadrado. No importa lo que propusiera, no importa el
problema, el caso es no buscar la solución y sacarse la mosca de encima con un
tímido y educado ademán –elegancia ante todo-. Pero un bofetón es un castigo
aunque sea merecido o se aseste cual delicada caricia. D. Poleto se fue de allí,
se marchó de aquel mausoleo de sueños imposibles con más cara de tonto que la
que jamás imaginó poder tener antes de esbozar en su mente una plausible
solución. A propósito del transporte en nuestra isla o a propósito de las
basuras del otro lado de la Luna que alumbra nuestra tierra palmera; aquella
que está al Oeste del gobierno que se aleja por fronteras mucho menos
geográficas y tanto más políticas. Lo despacharon y clausuraron su expediente
de esperanzas con un sello enorme donde, con letra capital rezaba ese socorrido
epitafio: IMPOSIBLE, causa desestimada. Algo así como un ingenuo isleño soñador
de imposibles , algo así como un cantante de tangos que jamás sonaron a Gardel,
algo así como pretender que nuestros políticos resuelvan los problemas que
ellos mismos crean y que debemos sufrir los que apestamos a ignorancia
gubernativa y política, algo así como pretender un imposible. Esto le sucedió a D. Poleto, no es invención
literaria y sepan ustedes que si entró en la sede cansado, salió derrotado, con
los brazos caídos aunque conformado en ese lejano rebufo que vislumbras para el
vehículo que progresivamente se acerca al cristal del retrovisor y te hace
albergar un certero temor ante esa seguridad próxima de que serás adelantado de
cualquier manera y nada podrás hacer porque están en otro nivel, circulan en
otro medio, viven otra vida, llenan de miedos nuestras dudas y nos hacen
temblar las ganas de seguir siendo honestos. Sepan si bien que con esto no
podrán.
D. Poleto también es transvulcano aunque use alpargatas,
aunque no corra sino camine despacio, aunque su pantalón no sea lo
suficientemente corto, aunque el físico no le baste más que para cavar un par
de huertas de papas, aunque ponga la radio para seguir la prueba ya que no le
llega el presupuesto para tomar la guagua y aplaudir de cerca, aunque el monte lo
use para cargar una carretilla de brezo y falla o de tagasaste y vinagreras
–espero que esto no lo lea alguien del Seprona porque como está prohibido
mirar, la vista es un delito y D. Poleto será multado también por respirar sin
permiso-, aunque no use hielo sin un vaso ancho con un buen chorrito de ron –de
la isla, del nuestro, de la Aldea- y no
pueda evitar el recuerdo de esas fotos de los glaciares que estudió en E. G. B.
por los que ahora se despeña el dinero helado y antes tan sólo los detrimentos
que solían arrastrar estos fenómenos naturales. Aún con todo D. Poleto es
isleño y transvulcano porque lo que engrandece al palmero le hace más fuerte a
él. ¿Por qué no piensan así aquellos que sacan pecho y años de gloria a partir
de nuestras grandezas y escurren el bulto ante sus faltas que terminan siendo
nuestras miserias? No lo sé pero cuando nuestro ciudadano cualquiera piensa
diferente y critica lo grosero de determinados modos políticos, a D. Poleto se
le tacha de crítico destructivo. A D. Poleto que nadie le conoce demasiado,
porque vive en su casa con los suyos, atiende su huerta y es señor de sus
propios ministerios de interior y exteriores, se le esgrimen mil baratijas
demagógicas, de esas que se leen en los prospectos de cualquier medicamento
sanador de malas praxis y defecto de ética deontológica profesional en política
o lo que fuera. Pero no confundirán a nadie porque ellos son los que deben
buscar explicaciones, son ellos los que deben argumentar por qué este año en la
Transvulcania para cierto partido “nuestro”, garante de nuestra identidad e
idiosincrasia, muy canario siempre, todo
son peros y jamás lees pros. ¿No os resulta estridente? A D. Poleto le hiere
los oídos tanto ruido desacostumbrado poco tiempo atrás y muy en boga cuando
todo debía traducirse en un “rememos juntos” al menos hasta llegar a la orilla,
luego ya cada cual a su bando y a tirarse inmundicias a la cara.
La entrega de dorsales en los Llanos de Aridane. Un acto
indecoroso, una tragedia para el comercio llanense, una vil manipulación en
contra del pueblo palmero… Y os traduzco lo que yo he interpretado entre
líneas, lo que he inferido a partir de mis lecturas, en Facebook más que nada,
(allí leo a conocidos altos mandatarios del “partido canario” por antonomasia
–yo también lo veo así, no crean y quizás por eso me preocupe tanto más lo que
emana de este manantial de providencia, tal vez, o no, mal gestionado-). Como
el Cabildo nos ha sido birlado en nuestras propias narices, sin reparos de
ningún tipo, ahora debemos focalizar todas nuestras acciones en resaltar todo
lo malo que hacen hoy aquellos que (sin el consentimiento del pueblo –desde mi
punto de vista-) han ocupado el lugar del que nunca debimos salir, al gestionar
un gran activo económico, de enorme prestigio social y deportivo de nuestra
isla. Los otros, enfadados y con el cuchillo entre los dientes arremeten con
sus armas: la entrega de dorsales se hará esta próxima edición (ya pasada) en
los Cancajos. Disparo al Ayto. Llanense fortín recientemente recuperado por el
“ejército de salvación canario”, torpedo en toda la línea de flotación que deja
muy dañado al municipio porque, si bien, la medida tiene su razón, no debió ser
propugnada de ahora para después. A D. Poleto le tildan de adorador de muchos
dioses pero puedo asegurar que el suyo sólo reside en un altar y domina
nuestras vidas desde el cielo que nos cobija; el resto de humanidades
idealizadas desde sus poltronas y posiciones de poder político/gubernativo son
tan frágiles como cualquier jarrón de porcelana china situado muy en la esquina
de algún mueble. D. Poleto no cree más que en aquel que le convence a partir de
su discurso y se hace de fiar a partir de sus acciones, ninguno más. D. Poleto
cree que este año no debió cambiarse la sede de inicio, de recogida de dorsales
pero también cree que la prueba no es de Los Llanos, ni de la comarca Oeste de
la isla por la que discurre en gran parte. Si leemos la retahíla de acusaciones
de algún mandamás “nuestro” (canario en la canariedad de las siglas del partido
que le presta su ideario) se centran en la desgracia que supone ese traslado de
sede para un comercio que casi depende para subsistir de esta prueba por estas
fechas. ¿Y qué sucede con Las Breñas, Mazo, S/C de la Palma, Puntallana, S.
Andrés y Sauces, Barlovento, Garafía, Puntagorda, Tijarafe? ¿Qué le pasa a su
comercio en estas fechas y en lo relativo a esta prueba que es insular y ni
siquiera puede considerarse más que comarcal en cuanto a sus rendimientos
económicos? A todo palmero le exprimen el bolsillo para que vengan Dakota
Jones, Emelie Forsberg… y perdonen pero D. Poleto me habla una jerga que me
resulta complicado expresar con palabras del castellano, ¿por qué no ser
honesto y empático con esas otras áreas comerciales que no son para nada
favorecidas con esta prueba y mantienen silencio sepulcral? Pues no, algunos de
nuestros políticos se lanzan dardos llenos de un “curare” letal materializado
en acusaciones partidistas y reproches que arrasan la precariedad en que
vivimos cada hecho favorecedor del progreso insular. Todo son guerras
fratricidas entre los unos y contra los otros por ocupar la poltrona. Como
apuntaba D. Poleto, al referirse a una amistad suya muy cercana y de confianza,
¿se verían estas batallas campales si el castillo debiera ser ocupado y
mantenido altruistamente?, si ¿cualquier
desaguisado se debiera rectificar con los dineros propios previo
establecimiento de un aval de unos cuantos millones de euros? La respuesta la saben
ustedes como yo y D. Poleto se ríe cuando imagina unas ruinas como las que
aparecían en ese clásico: La caída del Impero romano. Todos sabemos qué buscan
pero ninguno debemos consentir ni un segundo más que se nos mire por encima del
hombro. D. Poleto, usted que me lee, yo
que lo escribo y todo aquel que pueda estar interesado en lo que nos aflige y
preocupa, merecemos el respeto de esta clase política que sólo nos hace caso
cuando antes, con mirada conspicua siempre y trajeados, nos reclama el voto alegando
ser los únicos que nos defenderán. La defensa como la belleza se marchita con
el tiempo y se necesitan nuevos bríos, dejar paso a los que aún gozan de un
historial de sospechas inmaculado y no seguir en la brecha por insistir en la
inocencia, por reclamar mejor que otros, por haber aprendido a cazar hace
tiempo y conocer la presa por “la cagada”, por tener siempre la razón cuando
hay más de un par de segundos para
inventar un motivo.
Merecemos otra cosa si lo que buscamos es que se nos
reconozca el verde esplendor, el aire limpio y la vida sana: también
necesitamos higienizar nuestra política, quizás sea lo más perentorio, y para
esto creo muy necesario usar ingentes cantidades de lejía neutra, de la que no
tiene color político, de la que limpia sin mirar colores –pues no los respeta-,
de la que mancha si se manipula con descuido. Hay muchos problemas y poquísimas
soluciones. Se acercan las elecciones europeas y me cuesta mirar aquí cerca, entre nuestras siglas, para
deslumbrarme con ciertas garantías de fortaleza en la necesitada representación
canaria en la señora Europa. Nuestro plátano y esos aranceles demoníacos, la
ficha del Posei, los fondos de cohesión… todo eso es vital pero, partiendo de
un marco en el que el cultivo agrícola principal y motor económico
incuestionable se garantice su existencia por si mismo sin que la subvención
sea la tabla de náufragos de cada pocos meses. Puede que D. Poleto y yo estemos
equivocados pero propugnamos que nos lo hagan saber y necesitamos que sea así, más
pronto que tarde porque juntos podemos, eso sí, desde ayer que debimos ya haber
comenzado.
1 comentario:
Hola amigo he leído con mucha atención tu magnifico relato que refleja una especie de grito silencioso ante esta forma extraña de vida que nos ha sido impuesta una y otra vez por los poderes establecidos. hay momentos en tu relato que me hacen recordar al Quijote de Cervantes luchando contra molinos,seguro que me entiendes perfectamente,solo te dirè para tu consuelo que todavía quedan Poletos en la Palma no muchos es verdad pero quedan amigo,y aunque te puedan tratar de visionario te dirè que comparto totalmente tus visiones y tus desconfianzas porque son también las mias.Un fuerte abrazo de tu amigo Poleto que al igual que Martin Luther King,
también mantiene vivos sus sueños. Saludos de Tomas Martin
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