jueves, 15 de mayo de 2014

Mens sana in corpore sano




      Ahora que comenzamos a sentirnos relajados después de la vorágine de emociones sobrevenidas con nuestra Transvulcania, he creído oportuno reflexionar en alto acerca de diferentes matices que irradian espejismos en ese caleidoscopio de emociones que a todos nos arrasan el espíritu cuando observamos y, sobre todo sentimos que algunos nos creen más tontos de lo que somos. Lo nuestro es nuestro y no depende para nada de quien creyó inventarlo algún día en ese reciente pasado que nos recuerda que hoy no es ayer. Mirando al futuro y esperanzados, críticos con lo que se hace y atentos a lo que se propone; estupefactos ante lo que se cuece entre los que son salsa y en ocasiones, para otros –como es mi caso- un simple “conduto”, para con la necesidad de alimentarnos de fe esperamos acontecimientos y nos entristecemos sin remedio un poco más, consentimos en "dejarnos ir". Si perdemos la esperanza en quienes nos han de gobernar no podremos vivir en la confianza de sentirnos seguros  y confortables en ese “estado de bienestar” que a durísimas penas nos califican de garantiado. No se trabaja para otra cosa que no sea mejorar y vivir más, no al menos aquellos que existimos en la fragilidad del bolsillo casi siempre vacío y los números bancarios en saldo ardiente; y esa mejora no habla de ascensos sociales, para nada,  sólo de comodidades desterradas ayer por la precariedad del único y pírrico salario y aplaudidas hoy, cuando un par de fanegadas, algunos cientos de cabras más y muchas horas de trabajo duro, convierten el sueño de un miserable en una realidad tangible y aún así humilde.  Para esos otros que rezan diferentes santos, que adoran aquellos dioses extraños y mortales,  ensimismados por el amor a un servilismo frágil pero severo y sólo explicable (en mi manera de pensar al menos) desde el manido refrán “poderoso caballero es don dinero”; solo somos un puntito en la lista de posibles opciones para garantizarse ese fin que justifica cualquier medio: seguir viviendo mejor que los que permiten tal privilegio.

No hay envidia sana como no hay locura cuerda; se desea que el Roll´s Royce del vecino con carpeta bajo el brazo y orondas formas, engrosadas por suculentas cuentas bancarias o invitaciones intencionadas,   sea mucho más parecido al Seat cómodo y descolorido, con gomas llenas de alambres que no se deberían ver, aparcado en la calle muy cerca de la acera que nos tapa la sombra de la ventana en nuestro piso a eso de las tres de la tarde. No hay lugar para un aparcamiento ni para una verja con puerta automática accionada por el mando a distancia que desconecta nuestras ilusiones de las suyas; de ese otro mundo que vive demasiado lejos del nuestro. Así vive nuestra clase política; no hay por qué verse en el espejo de otros lugares más céntricos de esa nuestra península patria, basta con usar otra escala de méritos, de valores, de rendimientos económicos y de kilómetros cuadrados de poder; basta con que el Roll´s Royce sea un Audi y que la villa sea un Bungalow; que la provincia sea un pueblo y la ciudad una villa. Cambiamos caras como cromos de fútbol, de esos que valoran las ilusiones de un niño por completar el negocio de su primera vida; y los nuestros, más envejecidos e ilusos, mienten maneras de obrar para conseguir hipnotizarnos la voluntad cada cuatro años con promesas que a lo mejor son medias verdades y casi siempre, en lo peor claro, sueños imposibles. Tan poco tiempo ha pasado de la Transvulcania que ni siquiera esta carrera puede hacernos mirar a otra parte que no sea a Europa; siendo tan nuestra nos la quitan con propósitos de enmienda, con pactos en cascada, con agua de borrajas y juegos de ilusión. Porque no nos faltan las ganas de ver el vaso medio lleno creemos alumbrar barcos con tesoros naufragados en playas paradisíacas y, con esa linterna nocturna que descubre pecios millonarios dejar a la luz de su crítico foco una imagen de pelea de perros callejeros, con pedigree eso sí. No se pelean por cualquier filete sobrante de alguna opípara comida de jefes de estado remilgados y con escuetas faldas y/o telas de pantalones, no señor, lo suyo es morderse hasta desangrarse por el acomodaticio sillón de mando o las órdenes de equipo. La caña pescará peces mientras que el regalo será sólo flor de un día; se quiere la gallina de los huevos de oro aunque en la huevera los haya por docenas, muy dorados y lustrosos. Y para conseguir el vellocino de oro todo vale; lo mismo una mentira que una risa floja cuando tan sólo se necesitan unos segundos para inventar una excusa.

Así, cansado, apremiado por el trabajo que da de comer, sudoroso porque odia la impuntualidad, de esta guisa, con pantalón vaquero y pocas o ningunas esperanzas se presentó D. Poleto en la sede del organismo que todo lo puede en su isla. Porque un sueño no se imagina dormido, no siempre. Una isla de usos cotidianos en la que lo normal es llevarse una decepción cuando se mira a la cara de un político y se pone oídos a lo que nos tiene que contar; no es territorio para confiables gestos de comprensión y empatía, sino para miradas furtivas y desprecios varios. Previa cita y tras un par de posposiciones se concreta la trascendental reunión en la que todo es nada en cuestión de minutos. Pocos segundos mirando a la cara y mucho rato contemplando un papel donde debía estar escrito en grande, un monumental y grotesco NO. ¿Es posible hacer esto? NO, porque no podemos… ahora mismo… la crisis… cuánto me gustaría pero es imposible… en estos momentos es inviable… lo siento… y un final: bueno lo consultaré y le mantendré informado. Tiempo agotado, la salida es una promesa de nada al cuadrado. No importa lo que propusiera, no importa el problema, el caso es no buscar la solución y sacarse la mosca de encima con un tímido y educado ademán –elegancia ante todo-. Pero un bofetón es un castigo aunque sea merecido o se aseste cual delicada caricia. D. Poleto se fue de allí, se marchó de aquel mausoleo de sueños imposibles con más cara de tonto que la que jamás imaginó poder tener antes de esbozar en su mente una plausible solución. A propósito del transporte en nuestra isla o a propósito de las basuras del otro lado de la Luna que alumbra nuestra tierra palmera; aquella que está al Oeste del gobierno que se aleja por fronteras mucho menos geográficas y tanto más políticas. Lo despacharon y clausuraron su expediente de esperanzas con un sello enorme donde, con letra capital rezaba ese socorrido epitafio: IMPOSIBLE, causa desestimada. Algo así como un ingenuo isleño soñador de imposibles , algo así como un cantante de tangos que jamás sonaron a Gardel, algo así como pretender que nuestros políticos resuelvan los problemas que ellos mismos crean y que debemos sufrir los que apestamos a ignorancia gubernativa y política, algo así como pretender un imposible.  Esto le sucedió a D. Poleto, no es invención literaria y sepan ustedes que si entró en la sede cansado, salió derrotado, con los brazos caídos aunque conformado en ese lejano rebufo que vislumbras para el vehículo que progresivamente se acerca al cristal del retrovisor y te hace albergar un certero temor ante esa seguridad próxima de que serás adelantado de cualquier manera y nada podrás hacer porque están en otro nivel, circulan en otro medio, viven otra vida, llenan de miedos nuestras dudas y nos hacen temblar las ganas de seguir siendo honestos. Sepan si bien que con esto no podrán.

D. Poleto también es transvulcano aunque use alpargatas, aunque no corra sino camine despacio, aunque su pantalón no sea lo suficientemente corto, aunque el físico no le baste más que para cavar un par de huertas de papas, aunque ponga la radio para seguir la prueba ya que no le llega el presupuesto para tomar la guagua y aplaudir de cerca, aunque el monte lo use para cargar una carretilla de brezo y falla o de tagasaste y vinagreras –espero que esto no lo lea alguien del Seprona porque como está prohibido mirar, la vista es un delito y D. Poleto será multado también por respirar sin permiso-, aunque no use hielo sin un vaso ancho con un buen chorrito de ron –de la isla, del nuestro, de la Aldea-  y no pueda evitar el recuerdo de esas fotos de los glaciares que estudió en E. G. B. por los que ahora se despeña el dinero helado y antes tan sólo los detrimentos que solían arrastrar estos fenómenos naturales. Aún con todo D. Poleto es isleño y transvulcano porque lo que engrandece al palmero le hace más fuerte a él. ¿Por qué no piensan así aquellos que sacan pecho y años de gloria a partir de nuestras grandezas y escurren el bulto ante sus faltas que terminan siendo nuestras miserias? No lo sé pero cuando nuestro ciudadano cualquiera piensa diferente y critica lo grosero de determinados modos políticos, a D. Poleto se le tacha de crítico destructivo. A D. Poleto que nadie le conoce demasiado, porque vive en su casa con los suyos, atiende su huerta y es señor de sus propios ministerios de interior y exteriores, se le esgrimen mil baratijas demagógicas, de esas que se leen en los prospectos de cualquier medicamento sanador de malas praxis y defecto de ética deontológica profesional en política o lo que fuera. Pero no confundirán a nadie porque ellos son los que deben buscar explicaciones, son ellos los que deben argumentar por qué este año en la Transvulcania para cierto partido “nuestro”, garante de nuestra identidad e idiosincrasia,  muy canario siempre, todo son peros y jamás lees pros. ¿No os resulta estridente? A D. Poleto le hiere los oídos tanto ruido desacostumbrado poco tiempo atrás y muy en boga cuando todo debía traducirse en un “rememos juntos” al menos hasta llegar a la orilla, luego ya cada cual a su bando y a tirarse inmundicias a la cara.

La entrega de dorsales en los Llanos de Aridane. Un acto indecoroso, una tragedia para el comercio llanense, una vil manipulación en contra del pueblo palmero… Y os traduzco lo que yo he interpretado entre líneas, lo que he inferido a partir de mis lecturas, en Facebook más que nada, (allí leo a conocidos altos mandatarios del “partido canario” por antonomasia –yo también lo veo así, no crean y quizás por eso me preocupe tanto más lo que emana de este manantial de providencia, tal vez, o no, mal gestionado-). Como el Cabildo nos ha sido birlado en nuestras propias narices, sin reparos de ningún tipo, ahora debemos focalizar todas nuestras acciones en resaltar todo lo malo que hacen hoy aquellos que (sin el consentimiento del pueblo –desde mi punto de vista-) han ocupado el lugar del que nunca debimos salir, al gestionar un gran activo económico, de enorme prestigio social y deportivo de nuestra isla. Los otros, enfadados y con el cuchillo entre los dientes arremeten con sus armas: la entrega de dorsales se hará esta próxima edición (ya pasada) en los Cancajos. Disparo al Ayto. Llanense fortín recientemente recuperado por el “ejército de salvación canario”, torpedo en toda la línea de flotación que deja muy dañado al municipio porque, si bien, la medida tiene su razón, no debió ser propugnada de ahora para después. A D. Poleto le tildan de adorador de muchos dioses pero puedo asegurar que el suyo sólo reside en un altar y domina nuestras vidas desde el cielo que nos cobija; el resto de humanidades idealizadas desde sus poltronas y posiciones de poder político/gubernativo son tan frágiles como cualquier jarrón de porcelana china situado muy en la esquina de algún mueble. D. Poleto no cree más que en aquel que le convence a partir de su discurso y se hace de fiar a partir de sus acciones, ninguno más. D. Poleto cree que este año no debió cambiarse la sede de inicio, de recogida de dorsales pero también cree que la prueba no es de Los Llanos, ni de la comarca Oeste de la isla por la que discurre en gran parte. Si leemos la retahíla de acusaciones de algún mandamás “nuestro” (canario en la canariedad de las siglas del partido que le presta su ideario) se centran en la desgracia que supone ese traslado de sede para un comercio que casi depende para subsistir de esta prueba por estas fechas. ¿Y qué sucede con Las Breñas, Mazo, S/C de la Palma, Puntallana, S. Andrés y Sauces, Barlovento, Garafía, Puntagorda, Tijarafe? ¿Qué le pasa a su comercio en estas fechas y en lo relativo a esta prueba que es insular y ni siquiera puede considerarse más que comarcal en cuanto a sus rendimientos económicos? A todo palmero le exprimen el bolsillo para que vengan Dakota Jones, Emelie Forsberg… y perdonen pero D. Poleto me habla una jerga que me resulta complicado expresar con palabras del castellano, ¿por qué no ser honesto y empático con esas otras áreas comerciales que no son para nada favorecidas con esta prueba y mantienen silencio sepulcral? Pues no, algunos de nuestros políticos se lanzan dardos llenos de un “curare” letal materializado en acusaciones partidistas y reproches que arrasan la precariedad en que vivimos cada hecho favorecedor del progreso insular. Todo son guerras fratricidas entre los unos y contra los otros por ocupar la poltrona. Como apuntaba D. Poleto, al referirse a una amistad suya muy cercana y de confianza, ¿se verían estas batallas campales si el castillo debiera ser ocupado y mantenido altruistamente?,  si ¿cualquier desaguisado se debiera rectificar con los dineros propios previo establecimiento de un aval de unos cuantos millones de euros? La respuesta la saben ustedes como yo y D. Poleto se ríe cuando imagina unas ruinas como las que aparecían en ese clásico: La caída del Impero romano. Todos sabemos qué buscan pero ninguno debemos consentir ni un segundo más que se nos mire por encima del hombro.   D. Poleto, usted que me lee, yo que lo escribo y todo aquel que pueda estar interesado en lo que nos aflige y preocupa, merecemos el respeto de esta clase política que sólo nos hace caso cuando antes, con mirada conspicua siempre y trajeados, nos reclama el voto alegando ser los únicos que nos defenderán. La defensa como la belleza se marchita con el tiempo y se necesitan nuevos bríos, dejar paso a los que aún gozan de un historial de sospechas inmaculado y no seguir en la brecha por insistir en la inocencia, por reclamar mejor que otros, por haber aprendido a cazar hace tiempo y conocer la presa por “la cagada”, por tener siempre la razón cuando hay más de  un par de segundos para inventar un motivo.

Merecemos otra cosa si lo que buscamos es que se nos reconozca el verde esplendor, el aire limpio y la vida sana: también necesitamos higienizar nuestra política, quizás sea lo más perentorio, y para esto creo muy necesario usar ingentes cantidades de lejía neutra, de la que no tiene color político, de la que limpia sin mirar colores –pues no los respeta-, de la que mancha si se manipula con descuido. Hay muchos problemas y poquísimas soluciones. Se acercan las elecciones europeas y me cuesta  mirar aquí cerca, entre nuestras siglas, para deslumbrarme con ciertas garantías de fortaleza en la necesitada representación canaria en la señora Europa. Nuestro plátano y esos aranceles demoníacos, la ficha del Posei, los fondos de cohesión… todo eso es vital pero, partiendo de un marco en el que el cultivo agrícola principal y motor económico incuestionable se garantice su existencia por si mismo sin que la subvención sea la tabla de náufragos de cada pocos meses. Puede que D. Poleto y yo estemos equivocados pero propugnamos que nos lo hagan saber y necesitamos que sea así, más pronto que tarde porque juntos podemos, eso sí, desde ayer que debimos ya haber comenzado.



1 comentario:

Tomas Martin dijo...

Hola amigo he leído con mucha atención tu magnifico relato que refleja una especie de grito silencioso ante esta forma extraña de vida que nos ha sido impuesta una y otra vez por los poderes establecidos. hay momentos en tu relato que me hacen recordar al Quijote de Cervantes luchando contra molinos,seguro que me entiendes perfectamente,solo te dirè para tu consuelo que todavía quedan Poletos en la Palma no muchos es verdad pero quedan amigo,y aunque te puedan tratar de visionario te dirè que comparto totalmente tus visiones y tus desconfianzas porque son también las mias.Un fuerte abrazo de tu amigo Poleto que al igual que Martin Luther King,
también mantiene vivos sus sueños. Saludos de Tomas Martin