D.
Poleto fue siempre un anónimo ciudadano de Cortes de Tazas. Nació y vivió desde niño entre las verdes esperanzas de aquel recóndito lugar situado no en una
isla cualquiera. Quizás fuera más conocido su abuelo que entroncaba con las
raíces de árboles genealógicos antiguos y cortesanos por muchas generaciones; o
tal vez porque le resultase al vulgo más cercano y vivaracho o simplemente porque
sonreía al vecino desde detrás de la barra de un bar (la más barata de las
consultas de psicología del viejo mundo –antes del diván, tan sólo un poco
antes de su esencial necesidad-). Su padre se crió entre cepas de plátanos,
picando bellotas para vacas, cambiando posturas si bien no fueran precisamente
de esas que se ensayan frente a un espejo. Lucía por este entonces aquel
terruño agandulado etimológicamente y aún más con el transcurrir del tiempo, sus mejores
galas. Henchidos por el orgullo de los reflejos de un trabajo sacrificado, de
un espíritu ufano y siempre preocupado por ser cada día la mejor versión de
aquel mejor de sueño acaso ocurrido en el descanso de uno cualquiera de sus parroquianos,
el pueblo navegaba con rumbo fijo hacia un prometedor futuro. Eran épocas de
bonanza y eso que el hambre no era tan ingenua y desconocida, pues muchos
platos saciaban apetitos voraces con similares ingredientes, todos ellos muy
verdes y muy repetidos.
Pero Cortes de Tazas pasaba por ser un pueblo adelantado:
tenía luz propia, ¿os lo podéis imaginar?. Brillar con luz propia no era tan
solo una frase hecha, era una realidad promovida por el agua en cascada y la última
tecnología, amén de alguna mente genial que propugnaba milagros. Aún recuerda
D. Poleto la ingente cantidad de transformadores en no tan lejanas fechas, que
había en su casa por doquier. La luz que daba lustre a los neones de aquel
pedacito de cielo tenía distintos guarismos que las que cargaban las redes
eléctricas de un mundo alejado de ese transcurrir particular y alegre que los
hacía únicos por diferentes. Cambiaron 125 por 225, vino la peseta y poquito a
poco se fue pudriendo la flor de aquel vergel hasta llegar a los pestilentes
aromas de atraso más actual. No sé bien por qué aunque a D. Poleto le ha
preocupado desde siempre la razón pero la frase hecha: “entre todos le mataron
y él sólo se murió” pasa por ser la muletilla que ha usado para explicar mil posibles motivos y otras
tantas excusas. Un declive mortal de
inutilidad, no hay más. Si con tanto hemos hecho tan poco no debe ser difícil
ir a más, crecer, progresar porque hay que hacerlo muy mal cuando se tiene un margen
de mejora casi infinito. No me quiero ir del fino hilo que teje la madeja de
este cuento terrorífico.
El caso es que pasan
los años y nuestro amigo sigue yendo y viniendo de aquí para allá; preparándose
para no se sabe aún bien qué. Contando y trayendo anécdotas de orígenes o
destinos coincidentes en su patria pequeña se le manchan los colmillos y la
visión global para con su origen es cada vez más negra y tiene visos de
despuntar tormentas. Son tiempos de cambios políticos. Lo peor que la vida democrática
ha traído al mundo de las libertades individuales es el libertinaje político.
Se han pervertido las maneras y prostituido los valores por cemento; ni
siquiera por un plato de comida. Por avaricia ha acaecido esa inquina
demostrada entre las propias familias cuyos integrantes llegan a aborrecerse en su más íntimo seno a causa de
opinar diferente; simplemente por eso. O eres mi amigo o pasas a ser mi
acérrimo enemigo y procurarte el hambre y la necesidad; un cambio drástico de
intenciones, de maneras de afrontar el camino juntos.
Nunca terminas de querer algo tanto como cuando te alejas y
lo echas de menos. Aislado del ruido logras escuchar los gritos de necesidad ,
los aullidos de dolor. Si ayer hubieron varias ferreterías, negocios de corte y
confección de prendas, bares, empresas de transporte, en fin, un entramado
mercantil florecido y multicolor. Hubo un par de cines, un par de ingenios
azucareros, había un par de razones pesadas para ser optimista para con el
futuro. Hoy de eso no queda nada. Y es ahora cuando les cuento lo último que me
ha confiado D. Poleto y que pasa por ser la razón de este escrito.
Voy a dejar un par de preguntas en el aire para que los
lectores reflexionen y busquen respuestas. ¿Cuántas empresas tiene nuestro
municipio hoy?, ¿Cuántas necesarias preocupaciones puede tener el consistorio
para con el fragilísimo entramado de negocios de nuestro peculiar municipio? Sí
señores, existe hoy un Cortes de Tazas que supervive en la anemia de intereses y preocupaciones por progresar,
ahogado por la apatía no sólo de sus paisanos sino de algunos otros, más
responsables y demasiado ocupados por escapar de la quema. Cortes de Tazas pudo
ser algún día una preciosa taza de corte pero ya son sólo recortes del destrozo
que han procurado entre tantos. Piensen mis amigos, no creo que hayan muchas
actividades. Taxis, unas pocas tiendas, tal vez una empresa de construcción,
una ferretería que malvive gracias al empeño perdurable de sus dueños y mucho
menos por la confianza y el apoyo de los demás conciudadanos. Y queda una
pequeña empresa de transportes, sustentada por el esfuerzo ímprobo de una
familia que trabaja para vivir sin poder dejar de vivir para trabajar. Ocurre
que en el pueblo siempre hay necesidad de acometer obras pequeñas y pasa
también que muchos ciudadanos confían en esta pequeña empresa familiar para
llevar a cabo los transportes y otras actividades que ofrece el citado negocio
particular. Cual es mi sorpresa cuando D. Poleto me confiesa entristecido y
decepcionado que el consistorio gubernativo del municipio no cuenta para nada
con la empresa. Es más, se encargan todos los trabajos a otra empresa que,
asentada en el municipio desde hace tiempo, no pertenece a él. Dirán que esta
empresa está mejor confeccionada, cuenta con más maquinaria, está mejor
habilitada, es más conveniente para la clase de trabajos que se ofertan (se
llevan a cabo) desde el gobierno municipal. Hay silencios que matan después de
haber otorgado demasiado. D. Poleto no se quiere quejar sino que llora
amargamente la tremenda decepción al comprobar que no se cuida el patrimonio
del pueblo, el poco que queda es ninguneado. Se ha necesitado transportar y
colocar una serie de recipientes para el reciclado de materiales como cartones,
vidrios y otros; se publicita la colocación de los mismo con fotografías de un
camión grúa y ¿saben qué? No es el camión grúa de esta pequeña empresa familiar,
¿por qué ocurre esto? Vale el manido, “es que ellos (los otros) tienen
aparejador, mano de obra, camiones grúa, excavadores, picos y palas, cucharas,
planas y martillos, grúas enormes y favores idos o venidos..”, puede valer pero
al que lee quizás no le valga, o tal vez sí. Creer en la igualdad de
oportunidades es esencial para pensar que el estado de derecho nos garantiza
nuestras libertades individuales y derechos; dudar acerca de eso es condición
necesaria y suficiente para considerar que el cambio es obligatorio.
Por estos cortes y magulladuras el paciente se desangra; no
tiene el vigor de antaño, ni la lozanía para soportar más latigazos. Una
sencilla actividad podría cesar, como en su día ocurrió con la panadería, con
la zapatería, con la sastrería y debemos dejar de mirar al pueblo de al lado,
buscando razones porque Tazas de corte ya es Cortes de tazas y podría llegar a
ser barrio de esos otros pueblos que nos miran y a los que miramos demasiado;
¿no creéis como D. Poleto que primero lo nuestro aunque sea poquito y luego lo
de los demás cuando sobre?. Todos merecemos comer, todos.
Seguiremos contando alguna que otra historia de esas que nos
cuenta nuestro parroquiano y amigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario