sábado, 4 de junio de 2011

Guachincheando en Tenerife.

Hola, queridos bloggeros.

En este apartado rincón, donde pocos osan interferir la paz y el sosiego de los que caminan con otro andar, lento y pausado, quiero referirles un nuevo, no estrenado, pero sí frecuentado asueto del que firma el blog que os ocupa en estos momentos.

Hablaros de un antiguo usar de los tinerfeños que bien nos interesaría tratar de copiar a nosotros los palmeros de arraigo. Se trata de una costumbre usada, no me gusta decir antigua, ni mucho menos pasada. Se trata de una tradición de los agricultores de viña en la isla de Tenerife y versa sobre su arraigambre con respecto a los establecimientos particulares y temporales, en los que además de ofrecer carnes de la tierra, platos típicos y postres caseros nos deleitan con el mejor vino de sus cosechas. La excusa es el buen vino, el derecho no se admite en parangón con la remembranza de tiempos pasados, del deleite por la música tradicional o del ambiente autóctono de casas y tiempos canarios, pero sí, es uso de estos lugares, que no por escondidos, obvian la belleza de lo nuestro. Hoy por ayer o tal vez por mañana, abro este paréntesis entre letras y signos de puntuación mal puestos, para anunciaros la venida de una época que, desde el mes de Noviembre y hasta la zafra siguiente (año siguiente, mes consecuente), olvidamos sus ofrendas y deseamos su vuelta. La época de los GUACHINCHES: pequeños o grandes, preciosos o menos bellos, atestados o con la suficiente afluencia de parroquianos ávidos por deleitarse con el buen vino y el mejor llantar, abren sus puertas y entregan su amabilidad. A continuación les iré relatando, a medida que los visite, los guachinches que me han subyugado el estómago y abotargado la mente.

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