domingo, 6 de septiembre de 2009

Un poco más de las aventuras de nuestro Joven Peraza.



Fuga y al Mar.




Aquella mañana su frugal desayuno no acompaño en tiempo a la salida del sol y se retrasó unas horas. Al cabo de la extraña espera Aceysele, así se llamaba aquella preciosidad de oscuros ojos y larga melena negro azabache, apuraba los cortos pasos que la acercaban a la tienda de Peraza. En sus manos los cuencos de leche y agua y bajo el brazo una pequeña hogaza de algo parecido al pan que comían los nativos. Oculto en la cintura de su corto vestido una afilada daga que pronto liberó las ataduras de las manos de nuestro intrépido aventurero. Un largo beso y un apasionado abrazo dio paso al apresurado caminar hacia la palmera el capitán Folter. Las cuerdas que un día antes apresaban al marinero estaban sueltas y caídas en el tronco. Unas letras se acertaban a leer en el desgastado vástago de la palmera:’Help me, Capt. Folter’. Aceysele se dirigió con extrema cautela más allá de la frondosa línea de ramajes que ocultaba el poblado indígena y allí Peraza presenció la más horripilante escena de salvaje conducta humana que jamás imaginó poder ver. Un grupo de negros vestidos con muchas plumas y pintados de llamativos colores danzaban con sus lanzas en torno al desnudo cuerpo del capitán Folter mientras éste aullaba de dolor. El calor de unas brasas calientes quemaba el torso del marinero y el olor a carne quemada llegaba intenso y pestilente a las fosas nasales de cada espectador de aquel escándalo. Los unos enfervorizaban sus ánimos, acelerando sus bailes, enloqueciendo sus instintos caníbales. Los otros, nuestros héroes, lloraban las penas del desgraciado capitán y maquinaban algún improvisado plan que pudiera interrumpir aquella dantesca escena de terror y salvar a Folter.

Un paso al frente de Aceysele precipitó los acontecimientos y Peraza se mantuvo unos segundos en espera de entender lo que pretendía la preciosa nativa. Luego de dirigirse al fuego que abrasaba las carnes de Folter, comenzó una sexual danza. Se deshizo de los trapos que cubrían sus pechos y se arremangó la falda a la altura justa para liberar totalmente sus flexibles piernas. El contoneo insinuante de aquel maravilloso cuerpo llamó la atención de todos los alocados negros que dejaron de bailar y pasaron a fijar la mirada en Aceysele. Un negro con el plumaje más llamtivo y los colores más vivos se colocó a escasos metros de ella y con una mano enérgica detuvo cada movimiento del sensual baile. Unos gritos indescifrables y aquellos grandilocuentes gestos detuvieron todo atisbo de jolgorio y diversión. La tensión se podía cortar y las palabras suaves de la heroína provocaron una reacción de asombro en los nativos que comenzaron a declamar oraciones y arrodillarse. Un anciano salió de una de las tiendas que hasta ese momento permanecían cerradas y sin aparente actividad humana. Se dirigió al supuesto jefe nativo y con palabras altas y sobre todo muy reivindicativas del poder que ostentaba, el viejo guerrero obligo a éste a arrodillarse. A todas estas Peraza se había situado más cerca de la hoguera y de aquellas brazas que carbonizaban el cuerpo de su compañero. Los gritos, los aullidos de dolor que emitía Folter tensaban los ánimos de nuestro héroe que no atinaba a dar un paso adelante en busca de la salida que imploraba el preso achicharrado. Al fin, una reunión de los nativos en torno a las figuras de Aceysele, el jefe nativo y el anciano, resultó providencial. Peraza rápido como un guepardo en la caza, se abalanzó sobre el cuerpo del único negro que custodiaba al capitán y de un fuerte estrangulamiento partió su cuello, con la daga de Aceysele liberó las cuerdas que mantenían atado al preso y con toda la fuerza que logró reunir le tumbó detrás de la arboleda en la que unos segundos antes se hallaba oculto. Folter estaba muy débil y a duras penas consiguieron arrastrarse hasta la pasarela del embarcadero. La prioridad era ocultarse hasta que la noche se cerrara sobre el poblado. Unos gritos espantosos precedieron a una búsqueda tenaz de los nativos por cada rincón del poblado. Ni rastro de los fugitivos.

Aceysele acarició la piel de los brazos de Peraza quien sorprendido buscó su mirada en la oscura noche. Fue ella quien descubrió el escondite pues fue ella misma quien se lo enseño sin quererlo. La princesa nativa se escondía cada tarde en aquel escondrijo para pasar las horas mirando la tienda en la que mantenían preso a Peraza. El mismísimo embarcadero, donde nadie imaginó nunca pudiera ocultarse nadie, debajo del tablado, a escasos centímetros del agua con la marea alta estuvieron planeando el siguiente paso. El barco estaba muy cerca pero no había viento ni tripulación. Ni rastro de los marineros, ¡Dios que habrían hecho aquellos demonios con el resto de tripulantes¡. Un barco, dos marineros y una princesa que lloraría su pueblo a los pocos días de navegar en aquellos mares tan lejanos de la tierra. Un guerrero negro se mantenía atento a cada paso de la heroína pero ésta lo despistaba y lograba entrevistarse y besar a su enamorado. El viento arreció una tarde, unos días después. Y fue esa misma noche la elegida para abordar el navío y procurarse armas con que defenderse y procurar la salida a mar abierto. Folter estaba muy desmejorado, las heridas de su torso no mejoraban ni paraban de supurar y la fiebre le mantenía en un estado de locura permanente. El desdichado capitán había perdido su enorme panza y lucía unos famélicos huesos y una maltratada piel reseca por el sol y el salitre. El abordaje resultó sencillo pues la vigilancia era inexistente. Tan solo una par de nativos, embriagados con el licor de un tonel de ron que habían colocada en la cubierta, opusieron una débil resistencia. Amarrados de pies y manos fueron colocados en la misma pasarela del embarcadero a la altura de la proa del barco y con la ayuda de Aceysele empujaron la borda más allá del contacto con el improvisado muelle mientras Folter que logró reunir las pocas fuerzas que conservaba maniobraba el timón y daba en voz baja las órdenes para largar velas y aprovechar en incipiente viento que se destapaba en la noche. Casi a la altura del final de la pasarela del muelle aquel maldito jefe nativo logró embarcarse de un potente salto. El duelo era inminente y el desenlace se proponía fatídico pues Peraza estaba cansado por el esfuerzo de las velas y la escasa alimentación de aquellos días de presidio y huida desesperada. Varios golpes en partes delicadas y la mediación de Aceysele que proferia gritos mientras sus uñas se clavaban en la piel negra de aquel hombretón de fuertes músculos y mirada furibunda, acabaron con los huesos de Peraza en el suelo. Una lanza que se elevaba por encima del pecho del joven amigo y aquellos penetrantes ojos negros que se cerraban en sus manos, fue la dolorosa escena que prosiguió a los desgarradores aullidos de dolor. .¿ Por qué él?

En alta mar envolvieron su cuerpo luego de que el capitán leyera unos capítulos de la Biblia y con un contrapeso para salvar el precioso cuerpo de nuestra princesa de ser comida para los tiburones que desde que salieron del muelle perseguían el navegar de nuestros amigos, la arrojaron al mar. Maldita su mala suerte. La navegación exigía su esfuerzo y la debilidad de Folter le obligaba a ser tres hombres en uno. Esta frenética y cansada acitividad lo mantuvo alejado del dolor por la pérdida y olvidado de la desgracia de su infortunio. El amor triunfo pero la muerte lo alejó.

1 comentario:

ALBA dijo...

Que bueno, me ha encantado, estoy enganchadísima a esta historia de aventuras en el mar y amores truncados por el destino. Espero que algún día, "no lejano", jaja, sigas continuando escribiendo en ella a ver si consigues que Peraza sea finalmente un hombre pleno y feliz después de haber luchado tanto en su vida por conseguirlo. Esta historia es casi lo mejor que he leído de tí hasta ahora, por lo menos se asemeja bastante a la vida misma, a la lucha del día a día por intentar buscar la felicidad. Ánimo, continua escribiendo para los que estamos esperado tus letras tan asiadamente.