Ayer viernes 25 de Marzo tocamos
nuestra última procesión de Semana Santa. Llevo muchos años vinculado como
músico a la Banda de Música de mi pueblo y este año me sentí muy orgulloso, más
que nunca: orgulloso de ellos, de mis compañeros. No os quiero liar, en más de
una ocasión me sorprendo a mi mismo diciendo que son demasiados años y me
abofeteo interiormente reprochándome el egoísmo de creer que algún día podré
saldar la inmensa deuda que tengo con la música, con la nuestra, con esta Banda
que hoy ha sobrevivido a tantos y que me dejará atrás a mí también, no es fácil
seguir con esta pasión. Somos pequeños y la música, alguna que otra vez, nos
hace sentir un poco distintos, algo que
estos seres humanos “raros” que leemos garabatos ajustándolos a un tiempo agradecemos, pues nos permite evadirnos momentáneamente de la realidad para,
tiempo después depositarnos en el mundo un poco más humildes, conscientes de
que cuando ella suena no cabe otra opción más que escuchar.
Dialogando con Talio Noda, una “fea
costumbre” –diría él- de la que me confieso culpable reincidente, acordamos
muchos motivos para estar contentos a día de hoy, siempre, solemos echar la vista atrás, mirando de
reojo el ayer. Lo de “fea costumbre” lo digo porque no es bonito querer robar sabiduría
a quien el tiempo, la curiosidad y el buen hacer le han legado muchísimos
conocimientos y una ingente cantidad de anécdotas; yo lo hago y no me duelen
prendas reconocerlo. Bueno, pues hablando con nuestro cronista de música, de
músicos y de su vinculación con la cultura, nos ocurre que el fluir del cuento nos lleva por los mismos andurriales dialécticos en cada nueva ocasión. Acordamos
que: el músico nace pero también se hace, la música emociona pero es sacrificio, la
academia de música es un aula de vida en la que se forman personas, lo
importante de lo que suena no es lo que se oye sino también lo que se ve, por
cada músico o aprendiz el pueblo ganará un abogado, algún músico, un par de
ingenieros, diez administrativos, otro par de arquitectos, algún mecánico y
muchos trabajadores con animoso espíritu de sacrificio y con un método para luchar
además de un motivo para reír. No sabemos el por qué, en eso coincidimos aunque cada uno aportemos teorías. Él que entiende mucho de
música, yo simplemente asiento pues conozco la casuística tan sólo, me cuenta que tiene
que ver con la condición de pueblo costero (recuerdo una canción de la Bolero
con este título, preciosa por cierto y viene a colación por ser otra perla abandonada en el camino de los descuidos), las influencias llegan por el mar y
dulcifican el ánimo alimentando artistas: de Cuba (traigo un cantar, ¿?, entonaba algún cantante), de
Venezuela o a Venezuela, quién sabe si fue importación de cultura o exportación
de talentos. El caso es que de aquella manera fluye el manantial artístico
entre compases de espera y notas por afinar, mientras el pueblo aprende a
escuchar. Tazacorte es culto musicalmente hablando claro, aunque no lo sea
mayoritariamente porque el tiempo se ha empecinado junto con las circunstancias en
taponar oídos, pero suele saber lo que suena bien o mejor.
Lo acaecido esta Semana Santa es
diferente, sabe distinto, será por eso que me sentí así de contento. Me comentaban a
micrófono cerrado, que dirían los periodistas, algunos escépticos acólitos de
nuestra hermandad musical fieles oyentes colaboradores, que el milagro no es
tanto si algunos talentos son exportados. Yo seré claro, lo que vivimos los
músicos esta Semana Santa es resultado de un trabajo bien hecho y eso no tiene
nombre ni procedencia. Me explico. Nuestra Banda está renaciendo, se le
conectaron las palas del desfibrilador y fue recuperada de aquella habitación oscura y abandonada
en la que sobrevivía gracias a algún descuidado paliativo. Y a partir de ahí, cuando
algo renace necesita aire, impulso, fuerza, positividad, manantiales de ilusión... todo ello en forma de músicos. Es la savia de una banda. Y eso cuesta. Debe ocurrir, primero que nada, que el cuerpo quiera volver a respirar pero,
también, que las ayudas presten el debido auxilio. Pues bien, en Tazacorte con
esfuerzo se han logrado aunar esas condiciones mínimas requeridas para que el
enfermo se levantara llegando incluso a levitar. Ocurrió en Navidad, con un
poquito de esto y algo de aquello otro, hubo música navideña y sobretodo
espíritu de banda. Eso es lo que cuesta recuperar de las ruinas de mil
proyectos fracasados o de algún otro muerto de éxito, quién sabe. Cuesta mucho
que se vuelva a confiar en un proyecto. Cuesta tanto creer en algo que
involucra personas hartas de respirar ahogadas entre parones y urgencias,
cansadas de reuniones cargadas de buenas intenciones y llenas de clichés
imposibles. Pues bien, ocurrió uno de esos milagros diarios que pasan poco a
menudo, que costando casi nada significan todo: la música. Renació la ilusión.
Ningún banco presta ánimo ni optimismo, no hay entidades que brinden apoyo
anímico, como mucho quien lo quiera deberá encontrarlo por su cuenta entre
flejes de billetes. Eso sí, sabemos que es una letra de cambio con vencimiento
en cada nuevo ensayo, con plazo fijo y negociable para con los oyentes que
aplauden y se animan endulzados o agrios: eso de las palmas de folía o de
tango.
Y es entonces cuando el músico poco a poco se
va sintiendo apreciado, va notando que lo suyo es algo bonito y especial, que
los pianos lo llevan a pies juntillas hacia el siguiente fuerte que estremece el
corazón y llena su alma y la del que escucha. Se satisface a sí mismo
juntándose un par de veces por semana para pulir su melodía ajustándola a la de
los demás. Se crean vínculos, nacen los debates diáfanos con miles de ideas
para mejorar, se escucha porque es la manera única de respetar los acordes
salpicados de acuerdos, se atiende a la batuta asumiendo que es el cuerpo de
policía del pentagrama para todos juntos, viviendo entre los instrumentos que
surgen y se esconden, morir y renacer dentro de la armonía general. Un guiño
cómplice y la vista en la partitura, un gesto y el compás de espera termina,
algún chiste y la atención fija de nuevo en el discurso parco en palabras
(eso sí, más vale poquito y siempre que mucho y de repente) del prefecto judicial en esto de la música, el director, el nuestro y
no el de otros. El ambiente se vuelve más fraternal sin llegar a crearse parentescos,
sin exagerar: cuánto daño hace al compañerismo esa nefasta confusión entre
amigos y hermanos. Cada quien en su lugar pero todos disfrutando del motivo
común, de la alegría compartida, del trabajo mancomunado: algo así debe ser lo
que ocurre aunque cueste mucho explicarlo, lo que se siente al ser parte de una
banda como la nuestra. Digo debe ser, sin atribuirme el sentimiento personal de
cada quien, porque cuando hablas a gente que conoces de hace poco sus palabras
te suenan distinto después de unas sesiones de ensayo, las interpretas y saben
a otra cosa. Es como si los compases o el sonido de tu instrumento te ligara al
de esos otros que comparten contigo relevancia en determinados momentos o
circunstancias dentro del sonido general. Luego también creo que es muy importante
el tiempo compartido cuando pretendemos explicar porqué las cosas suenan mejor
unos cuantos ensayos después del primero. Hablando aprendes a escuchar, conoces
un poco de la otra persona y conviviendo con ella, aquí entra eso del roce –hace
al músico, agrego yo-, pues se crea el vínculo necesario para que muchos
desconocidos delante de miles de garabatos logren sonar melodiosamente bajo la
batuta de un maestro director pareciendo sólo uno.
Con
el trabajo, el esfuerzo animoso pero conjunto entre risas y bromas, llegan las
felicitaciones. Siempre prontas entre los compañeros: somos los primeros en
agradecernos las cosas bien hechas. Yo, que creo que los detalles son tan
importantes como el resultado final, apuesto doble contra sencillo a que
Santiago nuestro profesor, papelero, administrativo, músico, compañero y
responsable padre “postizo” de los que no son sus hijos sino sus alumnos, durmió
mejor este viernes noche. Debe haber sido así porque el refrendo a una semana de prisas y urgencias es la satisfacción
del trabajo bien hecho. Darle la enhorabuena es pago justo por su esfuerzo pero
no incluir a nuestro director, a ese que he nombrado como ingeniero de las
obras de reforma en nuestra banda en el apartado musical, sería un pecado en un
momento de perdón y redención como el que recién festejamos. Gracias a nuestros
profesores porque cada día con sus clases, con su preocupación porque el
naciente que nos rejuvenece siga vivo y de él sigan brotando talentos más
temprano que tarde. Ya se han visto algunos frutos pero estamos ilusionados,
desde la Asociación de Amigos de la Música S. Miguel de Tazacorte, en que este
vergel de talento musical que ha sido siempre nuestro pueblo, reverdezca y siga
nutriendo a los bagañetes de ese sonido a banda que nunca debemos dejar de
escuchar. Es nuestro derecho. Tenemos derecho a seguir siendo eso que la
naturaleza nos regaló en forma de entes musicales con formas humanas, eso que todos reconocen en nosotros: un pueblo
musical. Desde la asociación creemos que nuestra obligación es simple aunque
costosa y consiste en proveer el ambiente mínimo exigible para que desde el jardín musical
bagañete de su academia, sigan vislumbrándose esos brotes verdes
esperanzadores, que un día florecerán en algún otro huerto como prometedores
trompetistas, físicos, graduados sociales, pedagogos.. y que a su vez
instigarán a sus vástagos en el relevo para con su creencia musical a partir de
alguna otra aportación igual de enriquecedora, interesada y sin ánimo de lucro.
Sobre el futuro qué deciros. El
proyecto continúa con el ciclo de conciertos “Nuestra banda en tu plaza”.
Llevar la banda con este o aquel repertorio a las diferentes plazas del
municipio, que todos los bagañetes escuchen su banda interpretando unas u otras
obras, departir con los músicos degustando algún piscolabis, sentir desde cerca que
la banda no es algo intangible sino que la música que de ella surge es del pueblo
y para el pueblo y se puede palpar y compartir; esa es la querencia, la obligación auto-impuesta por la
asociación, la banda y sus músicos. Dejar de ser algo cerrado, elitista, oscuro
y sectario para convertirnos en todo lo contrario: el lugar donde confluyen las
esperanzas de algunos y los sueños de otros tantos. Un sitio para el regocijo, para la
celebración, para sentirnos más bagañetes, más pueblo en torno a la música; un
ente que aúne el espíritu de paisanaje de fraternidad que nunca debimos
dejar de lado y que vive aletargado entre los “nuestros”. Y lo más importante:
LA ACADEMIA. Ese es el pilar y el motivo de TODO. Veinte y tantos músicos que
se están formando, que, o están tocando o lo harán en breve y que, claramente,
suponen la savia nueva que permite ilusionarse con todo esto de nuestra música
de banda popular.
Para
terminar un agradecimiento sincero y cariñoso a todos los componentes de la
Asoc. de Amigos de la música S. Miguel de Tazacorte y sobre todo a los MÚSICOS. Ellos, ustedes sois el
principal motivo de la ilusión, ese motor que convierte en merecidos todos los
esfuerzos. Gracias a los compañeros que han puesto su granito de arena
colaborando desinteresadamente amén de formar parte de otras bandas,
sintiéndose más de la nuestra que cualquiera de nosotros. Gracias Adrián, Amalia,
Leticia, y Nazaret. No es fácil encontrar un trébol de 4 hojas y nosotros hemos
encontrado cuatro bien-aventurando esta Semana Santa y la pasada Navidad para el
intento de hacer música. Gracias a todos de corazón. Latimos a un mismo compás y
eso logra comunicarse con sonidos transmitiendo sentimientos. Gracias a nuestro
pueblo que disfrutó con Serrat y su Saeta, obra elegida atinadamente por
nuestro director en un empeño íntegro por cambiar el repertorio y renovar la
música de siempre. Gracias por vuestras felicitaciones pero son de todos y para
todos ustedes por escuchar, por compartir, por dejarse gustar, por animar, por
aplaudir, por criticar constructivamente, por criticar destructivamente, por
insinuar, por oír, por acompañar, por reír, por abrazar, por lamentar, por
hablar, por fotografiar, por grabar, por comentar, por seguir, por continuar,
por reunir, por disgregar… GRACIAS.
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