Golpes en la amuras. Por babor y estribor solo cachetazos de un mar bravío, encrespado en blancas olas. Viento que azota el ánimo y arrasa las preocupaciones. Vivir es ahora el único logro, la única meta. El silbido que aguza el oído, intrépido en oscultar la enfermedad del tiempo por el estetoscopio del orejón de buey que protege la pequeña estancia del marinero. Arreciando por segundos mantiene el alma en vilo y la adrenalina que profusa en la sangre lucha por asomarse en cada orificio. No hay tiempo par limpiar el hilillo rojo que mana porla nariz, es momento de usar las manos para limpiarse el salitre y evitar que el timón resbale y desobedezca el intento por evitar que el embate de una nueva ola inunde la nave entera. Ojos cerrados al viento que silba melodías de destrucción. Cuerpo abatido por el frío, tembloroso ante el miedo de almas penitentes en agua y en aire. Una nave que sostiene una vida. Una vida que se derrama en gotas ante la desalentadora fiebre del que necesita dormir dos minutos al menos. Horas, días, semanas que persiguen meses. No hay tiempo de palabras, ni de sonidos que auguren cansancio para la voz o hastío para el desangelado espíritu vital. Solo hay mar, olas, viento y ganas de nacer en alguna hora ante un nuevo horizonte de calma y sosiego. Son esas tempestades las que arrasan las leyendas de hombres indestructibles, facinerosos convertidos a la bondad y la humildad, bandidos que donan sus fortunas. La salvación de un alma vale la pena de un espíritu?.
Amartilla ese revólver de tristeza y dispara cerca de mi corazón. No hay mayor cortesía que aquella que mana de la buena intención. Persigue un nuevo rumbo luego, deja ese mar bravío aunque te hunda el intento. Y si dejas de respirar, habrán expiraciones e inspiraciones en tierra firme que darán aliento a tu silencio. La huella de un lamento, el estertor de una desgracia persiguen motivos de llanto con metas de alborozo. Todo aquello que pervive siempre se logra con guresas gotas de sudor cuando no de sangre.
Amartilla ese revólver de tristeza y dispara cerca de mi corazón. No hay mayor cortesía que aquella que mana de la buena intención. Persigue un nuevo rumbo luego, deja ese mar bravío aunque te hunda el intento. Y si dejas de respirar, habrán expiraciones e inspiraciones en tierra firme que darán aliento a tu silencio. La huella de un lamento, el estertor de una desgracia persiguen motivos de llanto con metas de alborozo. Todo aquello que pervive siempre se logra con guresas gotas de sudor cuando no de sangre.
1 comentario:
Mi querido amigo, no es ningún halago oportunista, ni lisonjero...ya sabes que la hipocresia no es lo que me caracteriza....hermoso, es hermoso; las palabras emanan sin subterfugios de tus sensaciones, de tu corazón y "se sienten".
Gracias caro.
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