Y ... Llegó la paz al rumor de la tempestad.
Sonido de charangas, tambores, flautas, desordenadas armonías populares. Y al menor atisbo de ritmo, las piernas que locas, buscan el acompasado movimiento. Uno tras otro los pasos persiguen cuerpos soñados, inalcanzables por la mente y por el alma. Acercando las ansias de soledad, amistando personas solas en la compañía deleznable de la supuesta complacencia. Falsedad del documento nacional del corazón, ese que mata por dentro la muerte más palpable. Y la música que suena alegrando por momentos la infelicidad latente en la razón que negocia pagarés a treinta días de dolor y noventa alegres momentos de falsa credulidad. Bancos de prestada melodía de seducción sueñan con música gratis para un corazón necesitado de amor, sobre escenarios de madera y cartón. Pan de hoy que comen los hambrientos de mañana para morir de sed en el mismo agua que requisa los placeres de su propia carne. Comer sin beber es vestir al santo con la ropa usada de antiguas procesiones, sentenciadas lamentaciones, taciturnos auspicios de necesidad y no más.
Sonido de charangas, tambores, flautas, desordenadas armonías populares. Y al menor atisbo de ritmo, las piernas que locas, buscan el acompasado movimiento. Uno tras otro los pasos persiguen cuerpos soñados, inalcanzables por la mente y por el alma. Acercando las ansias de soledad, amistando personas solas en la compañía deleznable de la supuesta complacencia. Falsedad del documento nacional del corazón, ese que mata por dentro la muerte más palpable. Y la música que suena alegrando por momentos la infelicidad latente en la razón que negocia pagarés a treinta días de dolor y noventa alegres momentos de falsa credulidad. Bancos de prestada melodía de seducción sueñan con música gratis para un corazón necesitado de amor, sobre escenarios de madera y cartón. Pan de hoy que comen los hambrientos de mañana para morir de sed en el mismo agua que requisa los placeres de su propia carne. Comer sin beber es vestir al santo con la ropa usada de antiguas procesiones, sentenciadas lamentaciones, taciturnos auspicios de necesidad y no más.
Bailemos y bebamos hoy de este vino suave que nos borra penas y regala sinsabores luego. Olvidemos la molestia de ese ya por ahora mismo aunque sea erradicando verdades. Sumemos manos y dientes al esperanzado atisbo de nuevos bocados y mastiquemos la sal del sudor de ese cuerpo que se acerca a ratos para alejarse luego.
Si el color de un nuevo pelo logra erizarnos el vello, alegremos la cara con alguna despistada sonrisa. La mirada sincera del que nos quiere logrará involucrarnos en el vicio del buen bailar, solo será un momento. Y un pie detrás del otro lograremos que ese sonido gustoso pueda movernos sin calma. El compás del armonioso ritmo nos unirá en parejas, aquellas llenas de amor y otras desbordadas de pasión. Las unas prevaricando para el logro del apasionado romance, culpables del sincero sentimiento de incontenible locura transitoria. Las otras, fugaces como las escurridizas estrellas, rozando los roces para erizar las púas de esa erizada piel. La verdad del que disfruta es la desazón contenida del que transpira irrevocable celo. Celadme pues amigos porque, con su voluntad de afrenta, será más grande mi complacencia. Hacedme alegre en mis cantos, aunque mi voz rasgue de intachables aquellos plañideros susurros que alegran oídos. Que vuestras miradas, confidentes de profundas risas, logren asentir en corazones los goces del que alegra sus intimidades con los avatares jocosos del cercano prójimo. Decidme a mi culpable de vuestras culpas porque seré de ellas responsable, más también otorgaré reirme propiamente de sus veleidades, como cómplice de aquellas simpatías que por mi surjan.
Y así, como en el cielo, en la tierra logremos bailar un vals con alguna compañía grata y sonido de violines. Mejor al galope de alguna vieja cumbia que es potranca zaina de transcurrir sosegado y armonioso.Atrapar el ánimo zancadilleado por el frugal almuerzo de momentánea soberbia. No más carne, bebamos vino. No volverse loco al compás de una suave cumbia resulta penoso cuando la cadera piensa más que el cerebro y el ánimo engaña la frágil vergüenza. El aroma de un inenarrable perfume que conquista la pasíón más oculta y fija miradas en ojos, boca, pechos, piernas... Las manos se mueven enajenadas de control, absortas en frágiles detalles. Los pies ni siquiera atisban ritmos, derramados en la esencia del desenfreno. No es sólo baile, es vida entera y eterna con alegre banda sonora.
Si el color de un nuevo pelo logra erizarnos el vello, alegremos la cara con alguna despistada sonrisa. La mirada sincera del que nos quiere logrará involucrarnos en el vicio del buen bailar, solo será un momento. Y un pie detrás del otro lograremos que ese sonido gustoso pueda movernos sin calma. El compás del armonioso ritmo nos unirá en parejas, aquellas llenas de amor y otras desbordadas de pasión. Las unas prevaricando para el logro del apasionado romance, culpables del sincero sentimiento de incontenible locura transitoria. Las otras, fugaces como las escurridizas estrellas, rozando los roces para erizar las púas de esa erizada piel. La verdad del que disfruta es la desazón contenida del que transpira irrevocable celo. Celadme pues amigos porque, con su voluntad de afrenta, será más grande mi complacencia. Hacedme alegre en mis cantos, aunque mi voz rasgue de intachables aquellos plañideros susurros que alegran oídos. Que vuestras miradas, confidentes de profundas risas, logren asentir en corazones los goces del que alegra sus intimidades con los avatares jocosos del cercano prójimo. Decidme a mi culpable de vuestras culpas porque seré de ellas responsable, más también otorgaré reirme propiamente de sus veleidades, como cómplice de aquellas simpatías que por mi surjan.
Y así, como en el cielo, en la tierra logremos bailar un vals con alguna compañía grata y sonido de violines. Mejor al galope de alguna vieja cumbia que es potranca zaina de transcurrir sosegado y armonioso.Atrapar el ánimo zancadilleado por el frugal almuerzo de momentánea soberbia. No más carne, bebamos vino. No volverse loco al compás de una suave cumbia resulta penoso cuando la cadera piensa más que el cerebro y el ánimo engaña la frágil vergüenza. El aroma de un inenarrable perfume que conquista la pasíón más oculta y fija miradas en ojos, boca, pechos, piernas... Las manos se mueven enajenadas de control, absortas en frágiles detalles. Los pies ni siquiera atisban ritmos, derramados en la esencia del desenfreno. No es sólo baile, es vida entera y eterna con alegre banda sonora.
Y a todas estas, miras la luna y recuerdas el universo. Cielo amparado por las miles de millones de estrellas que celosas, miran cada destino inquietas. Titilan en cada mirada buscando reflejos que puedan contemplar su belleza en una sonrisa embriagadora. El verde del mar o el azul del cielo, o tal vez la locura del contrario, viceversa, antonomasia del error. Mirar cielo y ver mar es sólo una evidencia del mundo al revés, de aquello que sólo ocurre en el paraíso loco de hermosura. Allí donde la línea de la verdad la marcan las mentiras de lo real. Allí donde el mar sólo acompaña de percusión el sólo molto pianissimo de rumor de brisa. Una sinfonía de sentimientos a la caída del ángel inmaculadamente blanco. En aquel lugar de donde nunca Adán debió arriesgarse a salir y la mano derecha de Dios blande una lanza que atemoriza al mismísimo ángel negro.
Vivo en un pueblo donde Dios olvidó la imperfección, o tal vez, ¿es un mundo?. Allí donde lo perfecto no existe. Un lugar que con la paz hizo el sosiego y con el rumor la suave brisa. Un lugar en el que se componen melodías en cada arruyo del sirocco y malsavas de tristeza con las langostas del más cálido verano de algún año. Un pedazito de tierra primeriza en la sonrisa del iluminado y tardía en la despedida del cálido estertor. Un lugar amigo del sempiterno alborozo, del arte por su loco albedrío, del disfrute porque sí.
¿ Trabajo ?. Mejor hablemos del amor.
1 comentario:
Hermoso mi niño, "Nemrob, en su estado puro"....ya hablamos.
Me enamoré de esas brisas y esos rincones de los que hablas....
Salud y un beso.
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