A todos los transeuntes internautas. Aquí proponemos un lugar de paso, un abrevadero para descansar del cansino galope de nuestras vidas. Leer algo, refrescarnos con las palabras, saciar nuestra sed de relax y calma. Proponernos un ratillo desconectando. Juntarnos unos pocos para olvidarnos del mundo divagando.
lunes, 23 de abril de 2007
El cesto de la colada
Algunos pocos trapos sucios, algún resto de salsa de tomate en unas pocas camisas eran el recuerdo de aquel jolgorio en que se convirtió la casa sólo unos pocos días antes. Dos suéter de lana arrugados y pestilentes rememoraban el trajín en pos del cuidado de aquellos traviesos niños. Tú y yo estuvimos allí, tan solo unas tantas horas antes. Tu y yo no estaríamos más juntos ni siquiera, separados para siempre. Un poco de carmín en el cuello de mi camisa, y ese olor a tu perfume que no lograban desprender los miles de lavados. Tu recuerdo en mi memoria, tus zapatos en el cajón del sastre que tejía mi vida. Ni siquiera podía respirar sin pensarte. Mi vida me quemaba en los pulmones, en la boca, en mi mismo.Llorando al lado de la cama. Te sorprendí una vez más. Pregunté mil veces y mil veces el silencio vino a mi como respuesta. Callada y taciturna, de un lado para el otro, apaciguando mis preguntas con miradas. Mejor no preguntar porque puede doler el saber qué esconde ese silencio. Tus mejillas, sonrosadas, me sorprendían a ratos cuando, sin quererlo, alguna extraña fuerza hacía que voltease la cabeza. Allí estabas de nuevo. Dos palabras, la comida en la mesa y la cama de un lado caliente. Eso me quedó de ti por una larga temporada. Con esas migajas me conformé un mucho tiempo. Restos de amor que otrora fue pasión arrebatadora.Loco de celos, moribundo, cegado por esos ojos que sin querer, miraron donde no debían. Aquel día, debí haber muerto y no condenarme a la desdicha eterna de quererte a mi lado a pesar de ti. Conduje mil horas. Caminos desiertos, cruces de autopistas, paisajes llenos de una belleza que mi rabia no permitía siquiera admirar. Los ojos en la carretera y el alma muy atrás, en aquel motel de mala muerte. ¿ Por qué a mi?. ¿ Por qué debí ser yo el objetivo de esa rabia divina, de esa maldición que no me permitió ser feliz? . Tú y otro que no era yo. Tú y la mentira de un amor que mantuve con el sudor de la esperanza. Tú, en esa cama. Desnuda mi compasión, disfrazada de locura. Alguien gritó y la nada me hizo dueños de vuestros destinos.Ya no estás y te echo mucho de menos. Te fuiste pero en mi queda el sabor de un adiós, para siempre. Desde el destierro de una vida que lo fue solo por ti, escribo el canto de algún pájaro espino. Canta y muere sin dejar de llorar.
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