La vida ... Un carnaval
Hola a todos/as amigos/as:
Retorno a estos viejos pasos para proporcionar, espero, un nuevo motivo de provocación al uso de vuestras entendederas. A propósito de Charlotte, o como se escriba el apodo de nuestro Charlie Chaplin, del bilipendiado y caricaturizado Fidel Castro, en alguna isla de las viejas bailonas o los indianos, de las máscaras de usar y tirar, de la música que amansa refriegas y calentones, del alcohol que libera líbidos, nervios, tabús, demonios y algún escondido ángel de Dios. Carnavalllllllllllll. Y lo decía mi adorada Celia Cruz, ¿qué es la vida más que un eterno carnaval?.
Asueto del callado y sumiso trabajador diario, obrero de entuertos miles, proletario de los lamentos ajenos y constructor de enormes edificaciones emocionales. Un cable pelado en alguna cabeza, para alguna mente, un móbil sin rastro para alguna salida de madres sin venir a cuento, restañar alguna pérdida en la tubería de aquel manantial de vergüenza. Miles de ocupaciones, miles de entuertos, miradas, señas y hasta sollozos. Y todo con mucha risa y con la algarabía del canturreo etílico y desacompasado por pasos de ciego viciado. Muchedumbre, miles de pies pisando la misma tierra del segundo anterior, siguiendo ritmos de otros, bailando por fuera y brincando de alegría momentánea por dentro. Y música. De esa que sin oirse te mueves los pies. De aquella que no interesa escuchar pero si ... prestarle algún oído porque motiva esa alegría. Luego están las excusas. Algunos las toman para ser más de lo que pueden, otros para ser menos de lo que son, otros para ser otros y los menos para ser los mismos en otro cuerpo sin la misma cara.
Hay fuerzas ocultas, flojeras a la vista, risas sin motivo y muchas lágrimas con las razones trastocadas. Dedicamos tanto a ser: otro, otra, otra cosa, otro asunto, otro día, otro tonto, otro listo ... y olvidamos que somos el mismo en un otro día, de un otro lugar o a lo peor del mismo sitio en una misma circunstancia para, incluso, la misma persona. No oculta una máscara más que una cara, no oculta la tela más que alguna peca, algo de grasa y alguna despistada cicatriz. En carnavales, logramos ser más nosotros sin querer serlo, porque liberamos lo peor casi siempre o lo mejor casi nunca. Pero reímos. Pero lloramos esas lágrimas resecadas en el lago de sollozos nunca vertidos, esas gotas saladas que debieron salir en su momento y que atormentan nubarrones en días inconvenientes. Pero son carnavales y hasta los lloros están homologados como artículo de la farándula.
Y por último, me queda referirme al acto de liberación de las múltiples y vivaces líbido. ¡Cómo supuran la pus, esas heridas mal-amorescas, al efecto del agua oxigenada del un beso inconveniente¡. Novias que engañan novios pasados, novios empeñados en nuevos imposibles y falaces cuerpos engañados por el oscuro encanto de la noche loca. Amores de barra y segundero. Duran casi como el hielo en la copa de ron. Muchos tragos rápidos conceden tiempo a una vida de duración estipulada sin permiso ni intromisión. Espantos en días, alocados por sueños de realidades tan distintas al anhelo que agonizan solos, muriendo en la miseria de un engaño. Y en alguna hora, ese sol que hiere las miradas. Vampiros de suerte dispar, sin negro ni gafas de sol, corriendo locos a sus ataúdes acolchados por la vergüenza perdida. Impactos mortales que sólo rasgan alguna piel de forma muy superficial y que se restañan con algún pequeño baño de abnegado compañerismo "palabristico". Un poco de todo en un tiempo para eso.
En carnavales, las risas son el mejor complemento al disfraz de una buena sonrisa.
Involucrando palabras, buscando estímulos y regando con el agua de la serena crítica y los pensados argumentos.
Saludos.
2 comentarios:
Precioso blog, mi querido amigo....un placer para pasar y compartir contigo sensaciones, lo hare un lugar mágico de encuentros....un rincón donde escapar de la vulgaridad que nos acosa....
Salud Nemrob
Muchas gracias amiga, aqui tendremos un lugar para mostrar aquello que llevamos muy dentro.
Gracias.
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